Trump va a la guerra con un proteccionismo que amenaza liquidar todo y el resto de los países toman medidas similares. Salvo Milei en Argentina, claro. Kicillof también alambra su territorio y pareciera no importarle más nada. En La Pampa es vieja esa costumbre y cada cual defiende lo suyo.
(Por Javier Urban) En los primeros años del retorno de la democracia a la Argentina, la vuelta de artistas que habían sido perseguidos, era todo un símbolo que por ellos estaba representado. Y de entre los que eran nuevamente escuchados, y de cuyas letras se tomaban frases para luego improvisarlas en cánticos no sólo de hinchadas sino de estribillos políticos, Daniel Viglietti fue un referente con su canción “A desalambrar”. Así la militancia peronista en La Pampa intervenía la original “a desalambrar, a desalambrar…” agregándole “los campos de…” y hacían mención al apellido de quien fuera senador por el radicalismo, padre de quien hoy se dice que es el eventual candidato, que más mide en la provincia.
Esa canción de Viglietti, como tantas otras, representaba lo que la política entonces, en cuanto a expectativas posteriores a la dictadura cívico, militar y eclesiástica. Instaba a desalambrar porque era mayoritaria la idea (sólo la idea, claro) de que, como decía el cantautor uruguayo “esta tierra es de nosotros y no del que tenga más”. Naturalmente aquello ha quedado lejos no sólo en el tiempo, y hoy la concepción política dominante no pasa precisamente por desalambrar. Es más, políticamente hablando se impone la concepción de que es hora de “alambrar”.
Es eso lo que pretende hacer Donald Trump con su decisión de arancelar cuanto producto extranjero ingrese al mercado de los EE UU, medida que provoca un descalabro en el mundo y que, naturalmente, repercutirá en la Argentina. El descalabro es mundial porque al aumentar aranceles, hay cientos de miles, cientos de empresas que deben replantear su plan de negocio. O sea, aquellas que se proponían exportar cierta cantidad de cosas a Estados Unidos (o a otro lugar, porque de hecho hubo represalias de parte de otros lados) tienen que cambiar todo. Eso implica un desbarajuste en la mano de obra, en los planes de empleo, en los fletes, en las embarcaciones. Por eso las sanciones caen, porque muchas empresas se ven afectadas por una decisión totalmente intempestiva, unilateral, de Trump que rompe con todas las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Es como si Estados Unidos se hubiese ido directamente de la Organización Mundial del Comercio, al decidir por su cuenta cuánto es lo que le va a cobrar al comercio exterior. Todos los países hicieron represalias o las anunciaron sobre todo en Europa y China, porque la zona más castigada es Asia. Y eso vaya si no le afectará a la Argentina.
Javier Milei protagonizó un par de papelones groseros en lo económico, en la semana que dejamos atrás. Por un lado, con sus dichos de que “gracias a la formidable relación que supimos construir con los EE UU de Trump, la Argentina se vió beneficiada con un arancelamiento mucho menor que el que le aplicó a los demás países.
Sólo un 10% nos cobrará a nosotros”, se jactaba. Hasta que se supo que a todos los países sudamericanos les cobraría lo mismo. Diez por ciento a la Argentina, pero también al Brasil de Lula, al Chile de Boric o a la Colombia de Petro. Todos considerados igual por Trump, su patio trasero. Y por otro, con el viaje relámpago que hizo a EE UU “donde Trump le entregaría un premio”, que terminó siendo de plástico y se lo entregó Natalia de Negri. Ni siquiera se pudo sacar la foto con Trump, lo que causó un impacto muy negativo, lo mismo que el que no trajera ninguna noticia económica. Además de esos papelones, fue un baldazo de agua fría que el enviado especial del Departamento de Estado de los Estados Unidos para la región de América Latina, Mauricio Claver-Carone, instara a la Argentina a terminar su relación con China, como condición para que EE UU facilite el remanido crédito gestionado ante el FMI. O sea, Milei debería cancelar el swap con China, que son unos 17.000 millones de dólares, lo que implicaría perder más del 60% de las reservas, que hoy son de 25.000 millones de dólares, para que los yankees lo ayuden a conseguir 20 mil millones del FMI. Tremendo en un marco donde países como Alemania, los nórdicos y Japón, tradicionalmente siempre han sido muy reacios a que el FMI otorgue este tipo de créditos o se los refinancie a la Argentina. Incluso el mini-presidente, con su política exterior se ganó el rechazo, también, de países históricamente amigos y aliados, como España.

Pero además de eso, la nueva política arancelaria de los EE UU afecta a la Argentina negativamente por tres vías. Desde lo financiero, aumenta el riesgo país, y hay mayor dolarización de las carteras, lo que presiona la brecha cambiaria, lo que tiende a generar mayor inflación, fenómenos que estaban pasando ya por los propios desequilibrios. Desde hace tiempo las exportaciones de nuestro país solo suben un 10% y las importaciones un 30% y hay diez mil filtraciones de su sector externo, más allá del cepo, incrementando el nivel de vulnerabilidad con reservas negativas de 11 mil millones de dólares. Por otro lado pegará muy fuerte el arancelamiento en las exportaciones argentinas de aluminio, acero y autopartes, que es un sector que tiene un componente muy alto de mano de obra. Y también el punto de vista de la explotación petrolera porque habrá una caída muy fuerte del petróleo por esta política de Trump y la recesión mundial que producirá en el corto plazo esta guerra comercial. Desde lo económico desastroza la semana de Milei.

E igualmente paupérrima le fue desde lo político. También papelonezco fue que el 2 de abril fijara su política de recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas a través de llegar a la libre autodeterminación de los kelpers (los ingleses que invadieron nuestros archipiélagos). Más allá de eso, catastrófica fue la derrota que le infligieron en el Senado cuando insólitamente, conociendo que “ni en pedo” conseguiría los votos necesarios, no retiró los pliegos de Lijo y García Mansilla para ser integrantes de la CSJ e igual se expuso. A último momento apeló a la jugada de hacer fallar la sesión por falta de quorum. Perdido por perdido, podría defender la permanencia de García-Mansilla, el más cercano ideológicamente al mileísmo, en el único tribunal inapelable del país. Pero tampoco eso pudo lograr. Y fue clave y revelador el rol de uno de los senadores y la senadora pampeana en esa historia. Mientras el radical Daniel Kroneberger, que se la había pasado declarando en los medios que tenía una posición tomada, la de votar en contra de esos pliegos “porque el procedimiento no es el que corresponde, no se puede hacer por decreto”, a la hora de los bifes fue funcional a Milei. El tipo no daba quorum para que la sesión se celebrara (sólo dos radicales sí, Pablo Blanco y Martín Lousteau). Distinta fue la postura de Victoria Huala. Ella, fiel a Maurcio Macri, hizo lo que le ordenó (ahora que tan enfrentado está al mini presidente): se presentó a dar quorum junto a Alfredo De Angeli. Después, la enorme mayoría volteó a los candidatos de Milei, al que no le alcanzó con las prebendas siempre listas a repartir.

Alambrar es la disruptiva decisión de Trump (confirmando lo obsoleto de la política de apertura de importaciones de Milei que acelera el industricidio nacional). En ese caso en lo económico. Pero en la Argentina, alambrar, parece ser la opción que varios toman de cara al proceso electoral de este año.
La volatilidad ha venido siendo el factor común en las elecciones de los últimos años y tuvo su pico explosivo en el año 2023 cuando la Libertad Avanza consagró presidente a Milei, se podría decir que en modo contundente por la ventaja que sacó en el ballotage, pero en cada una de las elecciones provinciales prácticamente no figuró en todo el país. O sea, la ciudadanía votó a Milei para presidente (y vale aclarar que en la segunda vuelta porque, si bien había ganado en las PASO, fue superado en la primera vuelta por Sergio Massa, el candidato del peronismo) pero no votó a LLA mayoritariamente en ningún distrito.
Eso, sumado a que el año de gobierno del mini presidente ha sido tan irregular en cuanto a la consideración de la gente que, pese a todas sus tropelías, lo mantuvo con una alta imagen positiva hasta las últimas semanas, cuando se produjo una caída que tendería a acentuarse, pero nadie está en condiciones de adelantar nada; hace que todos en la oposición marchen con pie de plomo y traten de eludir la confrontación directa con Milei.

Así, finalmente, y después de una tensa reunión reservada con el jefe del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, y el jefe del Frente Renovador, Sergio Massa, Axel Kicillof optó por alambrar la provincia que gobierna. Seguramente fue el pedido de muchos intendentes que no querían que la discusión nacional se metiera en la discusión local y pudieran perder en los comicios de renovación de concejales y diputados provinciales. Seguramente argumentarán que en estas elecciones pasará algo muy nuevo, que la lista nacional va a ser lista única, y las provinciales seguirán con el esquema llamado ‘sábana’, es decir, se va a votar con dos sistemas diferentes y ya no ocurriría aquel arrastre al resto de quien encabezara la lista ‘sábana’. Pero serán argumentos para intentar explicar por qué Kicillof decidió alambrar la provincia de Bs As, en una movida que va totalmente en contra de lo que buscaba la ex mandataria Cristina Kirchner que cree necesario converger las elecciones en la provincia de Bs As con las nacionales, para que la discusión en relación al modelo que está llevando adelante Milei, el ajuste brutal contra nuestro pueblo, fuera lo que arrastrara toda la elección.
Se hace difícil no hallar en la decisión del gobernador una intención de quiebre con el cristinismo. Kicillof se comprometió a trabajar activamente en ambas elecciones, pero ¿quién puede creer que eso hará él y los intendentes, teniendo en cuenta que puso la fecha de las elecciones provinciales para el 7 de setiembre, o sea cuánto, dos semanas, 20 días, un mes antes de las nacionales? Pondrán toda la carne en el asador para lo que parece ser lo único que les interesa, mantener sus territorios y después que se arreglen. ¿Te acordás lo que le pasó al peronismo en La Pampa cuando un par de meses después de las provinciales de mayo del 2023, que ganó ajustadamente, tuvo que afrontar las PASO? No laburó nadie y Milei los barrió.

Y de vuelta, la volatilidad que caracteriza a los votantes en estos tiempos, y el tener que enfrentarte con los que aún ejecutando la motosierra sobre obras públicas, presupuesto a las provincias, trabajo y producción, desarrollo y asistencia social, educación y salud pública, desconciertan porque Milei asombra manteniendo esa condición de ser lo nuevo, provocando y dejando a la oposición sin terreno firme para construir discurso político. Al menos así era hasta cuando desbarrancó con el criptogate y después viene en caída libre. Pero ¿quién te lo puede asegurar de cara a un proceso electoral?…entonces lo medianamente seguro es alambrar.

Seguramente por ahí vino la decisión de Carlos Verna de que la Plural no tenga candidatos para las elecciones de octubre. Porque en La Pampa no hay comicios provinciales, sólo se renuevan 3 diputaciones nacionales y en este momento, correr el riesgo de perder (por todo lo ante dicho) no es una recompensa demasiado importante (dos legisladores) para quedar manchado con una derrota. Y es un problema que atraviesa al peronismo, al punto que, lo que nunca, le cuesta conseguir candidatos. En la semana se publicó que habían mandado a medir a 3 intendentes. Si lo hicieron (el mismo gobernador se lo habría negado a varios de su entorno que quedaron sorprendidos con esa supuesta encuesta) ¿qué sentido tendría? Tanto la intendenta de Winifreda como el jefe comunal de Toay, una es vernista y el otro coquetea con el sector, y el “Barba” ya dijo que ninguno de su línea será candidato. Y el Manu Feito, intendente de Lonquimay, no sólo que es de la Plural sino que (ya se sabía) además es tan joven como desconocido para el grueso de los pampeanos.
Salvo un gremialista, que no dudaría en poner todos los recursos que hagan falta “para bancar la campaña” y un funcionario del gobierno de Ziliotto que no es de las líneas supuestamente (hace tanto tiempo que no hay elecciones internas que lo corroboren) mayoritarias, que en cada movimiento demuestran que querrían ser el candidato, los demás nombres que suenan, se resguardan diciendo que “únicamente si el Partido me lo pide, si el peronismo me necesita”. Todos creen que tienen mucho para perder y prefieren alambrar el lugar en el que están y allí quedarse.
Y en la opo, que tienen que defender dos de las 3 diputaciones que estarán en juego, aun sabiendo que la unidad es imprescindible para competir con chances de ganar, nadie puede asegurar que la confrontación cada vez más significativa entre Milei y Macri, no haga llegar su eco (el de la hermana en jefe, que decide todos los armados) por estos pagos y terminen quedando los libertarios por un lado y los macristas por otro. Si no hay unidad ¿con quién irán los radicales? ¿y con quién los tiernistas? ¿O irán solos y cada uno se quedará con una parte de la nada?

