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De “nace una estrella” a “la gran Tapera”

6 mayo, 2025
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(Por Javier Urban) “Se llama de unidad, pero no contempló a todos los sectores” dijo, criticando la lista encabezada por Ariel Rauschenberger, el precandidato a diputado nacional, Leonardo Fabio Avendaño, en junio del año 2017, antes de las elecciones primarias que definirían al postulante a legislador nacional del peronismo para las elecciones de octubre de aquel año. El espíritu de esa frase es el que ha venido exponiendo en los últimos, frenéticos, 10 días, el intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli, para justificar su ruptura con el oficialismo dentro del PJ. Lo que diferencia la intentona de uno con la que representa el otro, es que, mientras Avendaño rompía desde un lugar de identificación (decía él) con el proyecto nacional de Néstor y Cristina; di Nápoli (pese a que esa misma identificación fue la que lo catapultó como la nueva estrella del firmamento peronista, porque gracias a ella se impuso en la histórica interna de febrero del 2019) muestra, sin ponerse colorado, y hasta con goce, su distanciamiento del kirchnerismo.





Pagando un bajo precio

«Empresarios prebendarios, políticos corruptos, periodistas ensobrados, los sindigarcas o los profesionales funcionales a este conjunto de hijos de puta que cagaron al país». Así, sin el menor decoro y con la agresividad oral que lo caracteriza, el presidente Javier Milei bramó en la Expo EFI, un encuentro del sector financiero-bancario que convocó a más de 1200 empresarios, economistas y dirigentes de empresas. E inmediatamente surge la pregunta ¿la burguesía nacional argentina se banca ser insultada de esa manera por una cuestión ideológica? ¿O porque está embarcada en un culto a la batalla cultural? ¿O será que ven en lo extremo a la última chance de que se cumplan sus viejos anhelos?

Puede ser una mezcla de las tres, pero seguro que se dejan vituperar de semejante forma porque los denigra, sí, pero a la vez Milei les está cumpliendo sus dos obsesiones: un Estado chico que no moleste ni controle al sector privado; y una batería de leyes desreguladores que les bajen los costos laborales e impositivos y sean sustentables. “Nunca nadie fue tan a fondo, sin importarle nada, incluso sin importarle su supervivencia política, para hacer lo que queremos” celebraban mientras aplaudían como foca los empresarios.

Ahora, semejante sumisión ante el maltrato revela que creen que el insulto es un precio barato a pagar para conseguir el objetivo final. Pero lo grave es que, a estas alturas, el mundo empresarial argentino está padeciendo el síndrome de Estocolmo. La Cámara Argentina de Comercio junto a los supermercadistas encabezados por los Braun de La Anónima, dicen que hay que ser pacientes ante la incontenible caída de las ventas. La Cámara de la Construcción asegura que el abandono del Estado de rutas, puentes y obras de energía ponen en riesgo la seguridad de la población; tiene a 1400 constructoras al borde de la quiebra y hasta Benito Roggio ha entrado en default; pero apoyan al Gobierno y hacen la vista gorda ante los exabruptos de Milei. En la misma sintonía están los industriales, que en su día hasta se bancaron que Milei los llamara prebendarios y que son menos que el campo, pero elogiaron el «cambio macro» del Gobierno.

Y lo temerario es que hacen de focas de Milei al jactarse éste, de asumir las restricciones, con la presupuestaria al frente, pretendiendo demostrar que las anteriores experiencias ortodoxas fracasaron porque no fueron lo suficientemente a fondo, regodeándose y presentando como un éxito al completo fracaso de seguir endeudándose para sostener el modelo de dólar barato y contención salarial.

Es comprensible que el común de la gente se sienta relativamente tranquila e incluso esperanzada de que todo marcha bien al mantenerse el precio del dólar y que el número de la inflación no se disparen de más. Puede preverse además que gracias a los miles de millones de dólares de deuda nueva las apariencias se puedan seguir sosteniendo por un tiempo. Pero es sorprendente que sean los empresarios los que actúen como si la economía no siguiese en rumbo de colisión mientras sigue consumiendo dólares prestados, es decir, dólares que no genera. Y que ni siquiera les llame la atención que a pesar de todas las facilidades y perdones del RIGI, las grandes inversiones para la explotación de recursos naturales sigan sin aparecer. Es más, hasta se retiró la inversión de Petronas en GNL, ¿te acordás? Esa inversión que se enquilombó cuando Milei la cambió de destino de Bahía Blanca a Punta Colorada (Río Negro) solamente para perjudicarlo a Kicillof. Pero, además, ni siquiera se están concretando las inversiones en los grandes yacimientos de cobre.

El Círculo Rojo debería conocer la historia y saber que esta vez no hay nada de distinto a las experiencias recientes, ni siquiera en sus autores intelectuales y ejecutores, como los Sturzenegger y los Caputo. Sin embargo se dejan que Milei los sume a la lista de «enemigos del país» y ellos se ríen, aplauden y asienten como dando a entender que está en lo cierto.

Por más que le festejen la grosería cuando Milei dijo que por haber profundizado el endeudamiento público externo ahora sus críticos “la tienen adentro” y que los productores de pomada cicatrizante anal están de parabienes con tantos mandriles; como siempre en la historia del capitalismo, las deudas soberanas impagables son un instrumento de dominación para los acreedores y de subordinación para los deudores y, a la hora de pagar las deudas, la jocosa platea de la Expo EFI tampoco saldrá indemne.

Se portan como culpables

Desde lo político, en la semana, pese a ser breve, Milei no alcanzaba a salir de una mala situación para entrar en otra. Tuvo que afrontar la interpelación dispuesta por la Cámara de Diputados a la que sometieron al jefe de gabinete Guillermo Francos (también deberían haber compadecido el ministro de economía, “Toto” Caputo; el de justicia, Mariano Cúneo Libarona; el vocero Adorni y hasta se especulaba con que citaran a Karna Milei, pero no fue ninguno y a nadie se le ocurrió buscarlos con la fuerza pública), al que sólo le cupo fingir amnesia y ser infradotado, para intentar salvar al presidente de ser acusado de estafa por la criptomoneda $Libra.

Se lo escuchó decir decenas de veces no saber o no acordarse y hasta afirmar una y otra vez que Milei había obtenido de una información pública los datos con los que promovió la inversión en esa cliptomoneda cuando quedó demostrado fehacientemente que en la página web VivalaLibertad Project, en el momento en que Millet tuitea, todavía no estaba el número de contrato. O sea esa información no era pública, entonces Miei no la pudo haber visto en ningún lado. Lo de Francos fue lamentable, hizo un papelón para encubrir un delito.

Definitivamente se están comportando como culpables, desde un primer momento. Eso es evidente. Nadie conocía de la criptolibra hasta que Milei lo tuiteó. La estafa sin Milei era imposible. Franco lo sabe y se hizo el boludo. Y por eso los otros no fueron. Si Milei no hubiese tenido nada que ver, si lo hubiese difundido en lugar de promocionarlo, habría más explicaciones. Y a esa falacia que terminó siendo la interpelación porque Francos sólo mintió, se le suma la paralización de la Comisión Investigadora, porque gracias a la manganeta que hicieron uniendo los bloques, quedaron 14 diputados por un lado y otros 14 por otro, sin que haya nadie que desempate. Es evidente que están tapando un delito. Por eso no hay que soltar este tema, el de Libra, porque es absolutamente decisorio. Hay que agarrarlo con los dientes, porque es, de todo lo que hizo Milei hasta ahora, lo único que nos lo puede sacar de encima.
Tibio pero vale

También días atrás, de cara a las elecciones del domingo en la CABA (donde se van a elegir concejales aunque ellos le llamen legisladores porteños), Milei atravesó dos momentos, uno más desafortunado que el otro. Por un lado fue paupérrimo el acto en el que junto a su candidato Manuel Adorni encabezó en el populoso barrio de Lugano, que fue donde en las elecciones presidenciales más votos sacó Milei, pese a ser una barriada históricamente peronista. En el 2023, Milei en el lugar donde más votos obtuvo en la ciudad de Bs As no fue en Recoleta (ahí ganó el PRO) sino en Lugano. Bueno, con esa expectativa fue a hacer un acto en ese barrio y no fue nadie. Tuvo que llevar de gente de afuera de Lugano, al punto que le dio tanta vergüenza que ni siquiera publicaron fotos de la gente e incluso circularon algunos vídeos de cuando sale y la gente lo está puteando. Está claro que tiene bien complicada esa elección donde aspira a sacar más votos que la candidata de Mauricio Macri, Silvia Lospenato.

Y en la previa a esas elecciones, en el canal de la Ciudad, debatieron los principales candidatos de cada lista. Y la verdad, fueron ambiguas las sensaciones que nos quedaron. Porque por un lado se consolida la posible derrota del macrismo después de 18 años, pero por otro fue revelador que la batalla cultural la estamos perdiendo. Desde el extremo de la propuesta de ese desprendimiento del mileismo que es Ramiro Marra que dice que usará la fuerza pública para desalojar a golpes a la gente que está en la calle. A esa gente que ya no tiene ni un techo donde vivir, Marra asegura que además la va a sacar de la calle y la va a meter en cana. Pasando por Adorni que les dijo en la cara (sin que nadie le reprochara nada, acá no hubo comisión interna que valiera) que haría cerrar el Canal de la Ciudad, donde se hacía el debate, porque el Estado no debe tener canales de televisión. Hasta el propio Leandro Santoro que sólo esboza un discurso municipalista, rechazando nacionalizar la elección y se muestre al lado de dos bolsas de basura porque ese es el problema de los porteños a su entender. O sea ninguno de los candidatos plantea confrontar con el modelo de Milei.

Ellos corrieron todos los límites y hasta Santoro pareciera tener vergüenza de decir que hay que cobrar más impuestos a los que más tienen. Confeso radical de Alfonsin, socialdemócrata, en el último bloque del debate, después de decir que él era Santoro y no necesitaba escudarse detrás de nadie, dio como referencia al ex canciller de Alemania Occidental, Willy Brandt, en lugar de hablar bien de Cristina y correr el riesgo de perder algunos votos. En fin, parece que va a ganar Santoro, que será, no más, el candidato ideal para esa puta ciudad, como canta Fito.

Mientras tanto, en el campamento peronista, la interna, a la mayoría, la tiene hundida en la confusión. Se decía que el gobernador Axel Kicillof quería desdoblar la elección provincial de la nacional, para demostrar a propios y extraños que tiene decisión de plantarse y decidir por sí mismo, sin que el dedo de Máximo K le pueble las listas como habría venido haciendo hasta ahora; y además para plebiscitar su gestión, que le sirviera de base propia para construir un nuevo liderazgo con vistas al 2027.

También que Cristina sigue siendo la que más votos tiene en el peronismo, pero que va a declinar de una eventual candidatura a presidenta porque tendría claro que su música ya no suena como antes, y que esos niveles de adhesión, aunque importantes, no le alcanzan para ganar la presidencia. Kicillof impuso lo que quiso y, desde siempre, se dice que para Cristina el mejor candidato a presidente es Kicillof. Por eso es que tendría que estar todo más o menos claro. Entonces, si no difieren en el modelo de economía o sociedad que el peronismo tiene en su cabeza, si, por ejemplo, Kicillof no propone una economía diferente a la de La Cámpora, ¿qué hace el Cuervo Larroque asegurando que discuten al círculo íntimo, a la bandita de Máximo, obligándolo al sector del hijo de la ex presidenta a acusarlo de buscar “romper el peronismo” y le pedirle a Kicillof que “ordene” a su ministro? Confusión que deviene en bronca.

Nada que ver

Son llamativos (o no tanto, vamos) los ingentes esfuerzos de determinados periodistas intentando instalar que, en la inesperada e incongruente interna por la conducción partidaria del peronismo en La Pampa, di Nápoli es, lo que Kicillof en los desencuentros con Cristina en provincia de Buenos Aires. Y nada que ver. Incluso, ni siquiera se puede argumentar que Luciano reaccionó pateando el tablero por las mismas razones que “Tapera” Avendaño tuvo en 2017 para plantear su interna.

A diferencia de Kicillof que, si con la ayuda de todos los santos del cielo ganara en 2027, no tendrá persona más homenajeada y considerada por él que Cristina Fernández de Kirchner, di Nápoli se ufana de no ser más kirchnerista. Y caprichosamente demandó que los cargos que como kirchneristas los suyos ocupaban en la actual conducción del PJ debería seguir teniéndolos, aunque no representa a ningún otro sector interno, solamente porque es di Nápoli e intendente de Santa Rosa. En pos de la unidad, el mismísimo gobernador Ziliotto le ofreció cargos, pero él quería, caprichosamente, los cargos del kirchnerismo. Como no le pasó a Tapera, a Copete le tiraron cargos por la cabeza. Pero no quiso agarrar.
Por eso ha quedado tan desubicada su postura rupturista, sobre todo en estos tiempos donde todas, todos, todes estamos padeciendo una crisis espantosa (generada por el gobierno nacional) y donde ninguna, ninguno y ningune considera oportuno llevar adelante una elección interna (algo que naturalmente también se le cuestiona a Ziliotto, porque debería haber pateado la renovación de autoridades por lo menos hasta el año que viene, pero se le considera, que ante la extorsión copetista haya hecho todo lo posible por evitar la confrontación). Entre otras cosas, di Nápoli no quizo entender que la gente está “en otra”, angustiada por otros problemas. Todavía no hacen 20 días de las elecciones que se celebraron en Santa Fe y la participación fue del 55,6 %, la más baja desde el regreso de la democracia. Lo mismo se teme que ocurra en las elecciones de CABA. Y son todas obligatorias. Realmente ¿No ve di Nápoli que la gente rechaza que haya una elección más en tiempos tan aciagos?

Si indefectiblemente todas las calles de Santa Rosa, todas las avenidas de la ciudad, en más de un tramo tienen tremendos baches esperando por su reparación y los vecinos/as se lo “topan” cada vez que abren las puertas de su casa, es inevitable que piensen, digan o griten que “no puede ser que en lugar de ocuparse de arreglar semejante pozo esté dispuesto a gastar plata en una interna”. Y es así, no más, si hasta a los comerciantes del centro, a los que esperaba tener controlados por la muy buena relación personal que tiene con los/las conductores de la Cámara de Comercio, le clavaron una movida que lo llevaron a comprometerse con una rápida finalización de las obras de remodelación, peatonal incluida, que hoy hacen intrasitable las calles haciendo que pocos se acerquen a esos comercios, y también a acelerar un diferimiento impositivo. ¿Qué pesarán los vecinos de la esquina de San Jorge y Córdoba, por ejemplo, que hace dos meses tuvieron que colocar un tambor sobre la grieta que en medio de la calle padecen y que di Nápoli lo habrá entendido como problema solucionado porque ahí está, enhiesto, el rojo tarro tapando el pozo y sin que haya compromiso copetista para acelerar ese bacheo ni ningún otro?

Es una locura el capricho del intendente. Pero también desde el punto de vista de sus posibilidades. Se comió el amague del apoyo mayor (en Pico ni avales tuvo) y termina enfrentándose a las siete líneas internas del PJ. Va por la conducción del Partido y no consiguió el apoyo de un solo intendente, salvo el saltimbanqui de Manu Feito (Lonquimay), que esperaba que, por haberse candidateado en las dos listas, lo dejaran fuera de ambas, pero tuvo que hacer esa opción. Sólo compite en Santa Rosa, donde tuvo el control todos estos años, y le dio nada más que para disputar 3 de las 7 Unidades Básicas.

Tanto es así que Jorge Lezcano debe de haber dejado sus dedos manchados porque se apiadó de él y, aunque aquí no se escuchan las quejas del movimiento obrero organizado “que siempre ha puesto el cuerpo y no se le ha dado un lugar más protagónico” (su reclamo de siempre), habilitó al Ruso Schmidt, a Shirley Bustos, al Pancho Faggiani, a Mirta Erro y a algunos más, todos identificados con Identidad Peronista, para que le completen la lista. Por eso no es tan llamativo que desde el sindicalismo le dieran su apoyo, son todos gremios que no lo interpelan en la cotidianeidad de su gestión como intendente. Porque bien saben en el municipio lo que él piensa de los sindicalistas y bien le han hecho saber a él, los sindicalistas, lo que piensan de su mandato.

“La Municipalidad se parece a Javier Milei: eso es fascismo”, supo decir la secretaria general de ATE, Roxana Rechimont, al denunciar persecución a gremialistas y armado de “listas negras”. «Los trabajadores salieron a trabajar porque se sienten muy presionados…es una vergüenza que un gobierno que se dice peronista, como el de di Nápoli haga esto con los trabajadores», lamentó el secretario general del Sindicato de Camioneros, Dionisio Ordóñez cuando en el último paro de la CGT no pudieron sumarse porque los amenazó con «represalias» a los trabajadores de ese sector que se adhirieran a la medida de fuerza, exhibiendo incluso, el antecedente inmediato de despido de un trabajador por faltar un feriado y la suspensión de otros dos. “Más mileismo no se consigue”, le espetaron desde ATE.

Marcha hacia ese lado

Y di Nápoli, aun cuestionando al gobierno nacional, ha dado muestras de su acercamiento al pensamiento libertario, refugiándose en que “la sociedad marcó un rumbo” (sic). Ni bien asumió su segundo mandato, restructuró su gabinete, achicando el 25% de la planta política: redujo a cinco las secretarías, eliminó todas las subsecretarías y disminuyó la cantidad de direcciones. El efecto Milei ya se siente en Santa Rosa, titularon algunos medios. Pero no sólo redujo de 80 a 60 la planta de funcionarios (“Se trata de un primer esfuerzo, con una reducción de un cuarto del gasto político”, dijo en ese momento), sino que hizo desaparecer organismos, desplazando trabajadores a otras dependencias, pero también reduciéndolos a la inactividad, cubriendo lo que ellos hacían con cooperativas que los reemplazan.

En la fabulosa nota de Álvaro García Linera, “La raíz de la crueldad”, en Página 12, el ex vicepresidente boliviano afirma que “en tiempos de crisis, no hay mayor impulso al conservadurismo autoritario que un gobierno progresista que renuncia a la audacia de los cambios” y asegura que “la única opción ante los arrebatos contra-igualitarios, es con más igualdad, con nuevas expectativas convincentes de mejores condiciones de vida en común, radicalizando las políticas de distribución de la riqueza. Y que, para ser duraderas en el tiempo, tendrá que afectar a las oligarquías rentistas”.

Claramente di Nápoli va por otro lado. Por un lado sumó de socio-consejero al empresario David Matzkin, hijo de Jorge, el diputado nacional menemista y ministro del interior durante la presidencia de Eduardo Duhalde, y primo de Martín, el facha, rosquero libertario en nombre de Patricia Bullrich tanto en el Congreso como en las provincias. Por otro lleva en su lista a César Ortíz, su juez de Faltas, hermano de Luciano y Moisés Ortiz, dos de los principales referentes de La Libertad Avanza en La Pampa. Y ha sido definitorio en su discurso: “sin querer destruir el Estado, no quiero el despilfarro, es necesario un Estado más chico». Más claro…

“El momento de llamar a elecciones no lo elegimos nosotros», disparó en el multimedio de los Matzkin, pero llamativamente él y los suyos faltaron a la reunión del Consejo partidario en la que se decidieron las elecciones y después se negó a cuanta oferta que para evitarla le hicieron. Va a internas donde deberá obtener por lo menos el 20% de los votos para alcanzar representatividad y no menos de un 30% para ganar los cargos que le ofrecieron para que no haya elecciones. Ocho mil votos obtuvo Leonardo “Tapera” Avendaño para poder ser reconocido con una candidatura a diputado provincial que le permitió ocupar un escaño en la Legislatura durante 4 años.

Decíamos que el entuerto entre Kicillof y Cristina confunde y da bronca. Pero también que definitivamente no son lo mismo el gobernador de Buenos Aires y el intendente de Santa Rosa. Maquiavelo escribió alguna vez que en política, lo primero y elemental, es definir quién es amigo y quién es enemigo. Si se te diluye la idea de quiénes son tus enemigos, también se diluye la idea de quiénes son los amigos. Básico y urgente.

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