
Le pifiamos feo en el pronóstico y no habrá marcha atrás en los crueles planes de Milei. Entre ellos fundir a las provincias y a una en particular, La Pampa, donde ganó el peronismo, pero hasta ahí. Ziliotto contra dos frentes. Reapareció Verna y sordos ruidos, oír se dejan, de corceles y de acero.
(Por Javier Urban) Si pudiéramos montarnos en El DeLorean, el auto de la zaga de películas Volver al Futuro, y extrayendo el mapa que la mayoría de los diarios publicaron ayer lunes con los resultados de las elecciones del domingo, y recortándole el mapa de La Pampa, viajáramos al día sábado o a algunos minutos, no más, antes de comenzar los comicios y mostrándole como quedaría el mapa, le preguntáramos al gobernador Sergio Ziliotto o a cualquiera de los que fueron candidatos por Defendamos La Pampa, si firmarían un triunfo tan ajustado, por menos de 1 punto, pero consagrando a dos diputados ¿creen que lo firmarían? Seguro que sí, viendo como el resto del país estaba casi totalmente pintado de violeta. Claro que también habrían imaginado que era una broma la que les estaríamos haciendo. Las expectativas eran enormemente distintas. Desechando alguna que otra encuesta que pintaban una distancia más acotada, nadie suponía que la diferencia sería menor a 10 puntos, respecto al que terminaría segundo. Pero no sólo el mandatario y sus postulantes, tampoco los libertarios creían que tan cerca de ganar las elecciones terminarían.
Más adelante diremos algo respecto a lo que pasó en otras partes de la Argentina, sobre todo en Provincia de Buenos Aires. Pero lo ocurrido el domingo en nuestra provincia sólo es comparable al shockeante resultado de las elecciones primarias del año 2023 cuando, por primera vez en la historia, relegaron al peronismo pampeano a un tercer puesto. El impacto es tremendo y desconcertante, tanto que aplica casi en su totalidad la letra de «Desencuentro», el tango que escribiera Cátulo Castillo y con música de Aníbal Troilo magistralmente cantara el Polaco Goyeneche, desde “Estás desorienta’o y no sabés qué trole hay que tomar para seguir”, pasando por “Querés cruzar el mar y no podés. La araña que salvaste te picó, ¿qué vas a hacer? Y el hombre que ayudaste te hizo mal, ¡dale que va!” “Se rieron de tu abrazo, y ahí nomás, Te hundieron con rencor todo el arpón” hasta “Amargo desencuentro, porque ves que es al revés”. Si, si, se dio al revés el resultado lógico que se esperaba.

Y esa actitud de espera, seguramente es uno de los motivos decisivos (que vamos descubriendo que fueron muchos) por los cuales el peronismo estuvo cerca de perder. Es que la crueldad, la debacle, y la corrupción de la gestión Milei, sumado a la implosión de su plan económico, justificaban la aplastante victoria del peronismo en PBA el 7 de setiembre. Lo mismo pasaría en el resto del país en octubre, era la sensata conclusión que cualquiera sacaba. Se imponía entonces, no hacer olas y dejar que el derrumbe del neurodivergente fatalmente se diera. Era lo aconsejable, acá y en el resto del país.
Es así que, pese al significativo esfuerzo de la militancia peronista, particularmente en Santa Rosa, donde, sin desfallecer, una vez más fueron casa por casa y llevaron adelante volanteadas, aun con la nostalgia de no poder entregar aquellas boletas que pasaban por debajo de la puerta o, en el mejor de los casos, las entregaban en mano entablando productivas conversaciones con las y los vecinos…sin desconocer tampoco la abnegada recorrida de los candidatos por toda la provincia…lo cierto es que, en todo el país, se limitaron a pelotudear (hasta se vio a dirigentes con una boleta electoral impresa como gigantografía) en una campaña electoral para enseñar cómo votar, como refugio adecuado para no discutir política, y mucho de eso hubo también aquí. Reveladora fue la vicegobernadora, Alicia Mayoral, cuando salió de votar. “Yo quería estrenar la boleta única y me pareció sumamente sencilla y, la verdad, es mucho más fácil operativamente que poniéndola en palabras, creo que la hicimos muy difícil durante toda la campaña explicándola” señaló.
Futbolísticamente hablando, se suponía contar con la ventaja y había que dejar pasar el tiempo para que se terminara el partido. Se cedió campo y pelota. Se esperó al rival parados para contragolpear (de nuevo, refugiados para no discutir política) Y se terminó colgados del travesaño y a los gritos de “la hora referee”.

De todos modos, era una actitud bastante irreprochable. El panorama invitaba a eso. Todos daban por descontado un amplio triunfo de Defendemos La Pampa, hasta Carlos Verna fue explícito: “el peronismo va a recuperar al diputado perdido en 2021, creo que va a entrar a los dos primeros candidatos y va a entrar el candidato de La Libertad Avanza. El radicalismo, en virtud de la implosión interna que tuvo, va a hacer una mala elección”. Incluso daba por descontado que ganaría hasta en Pico: “se va a ganar por un mayor porcentaje en Santa Rosa que en Pico, porque es una ciudad administrativa y todo ese sector se siente acosado por la política de Milei de achicar estructuras, mientras Pico es una ciudad de servicios agropecuarios y el campo, que tiene una visión distinta a la que tiene el empleado público, es el que tiene una mayor injerencia en Pico. Eso siempre fue así”. Y también advertía un rechazo a Milei: “la sociedad le pide al presidente que postergue el objetivo de llegar a una inflación de un dígito y atienda la producción, el trabajo y sobre todo el aumento de los ingresos, porque la gente no está llegando a final de mes”. Aunque reconociera, también, que “en la sociedad el gobierno libertario cuenta con cierto apoyo por el miedo al pasado”, daba por descontado un triunfo peronista.
Y fue por eso que el domingo se sentó a charlar con la prensa después de haber votado. Por más que ha venido siendo cierto que últimamente hace declaraciones casi solamente cuando va a votar, esta vez, imaginando que el resultado sería distinto al del 2021, cuando, como ahora, tampoco permitió a su línea Plural aportar candidatos, pero porque estaba convencido que la derrota se cernía sobre el peronismo pampeano y podría luego (dos años después) decir que no tuvo nada que ver con la derrota. Lo mismo habrá imaginado cuando hizo un anuncio similar allá por el mes de febrero, pero el domingo estaba convencido de que el peronismo ganaría, Tanto es así que no se guardó el “durante la campaña, en Pico se organizaron varios eventos, a los que no fui convocado. Si no me invitan, no vamos”, ni la exposición de que el bueno de Julio Martín recibió órdenes para no invitarlo a la reunión provincial en la que el Partido definiría la campaña, pese a ser el delegado departamental de Maracó. Nada de eso se guardó para una “gran Ramón Díaz II” sino que, a todo, diciendo que no lo sorprendía, lo usó como justificativo del porqué no apareció en campaña.

Y otro indicio de su seguridad en la victoria fue que no cargó contra el gobernador. Previendo que sería el gran ganador unas horas después, le agradeció que haya respetado la decisión de la Línea Plural de no poner un candidato y hasta lo postuló para cuando deje el centro cívico, “Sergio seguramente aspira a ser senador” dijo, manifestando su potencial continuidad en la política, después de que se lo identificaría como el gran ganador, como dueño de la franquicia, en esta elección “de marcas, no de candidatos”, según dijo.
Y acá hay un punto que me interesa remarcar. Contrariamente a lo que muchos dicen, cuestionando el momento de semejantes declaraciones, Verna hubiera verdaderamente perjudicado la performance del peronismo si decía lo que dijo antes, la semana pasada, el viernes o el sábado si se quiere. Pero ¿a cuántos votantes pudo haber influido declarando el domingo, en medio de la elección? ¿Cuántos a esa altura del día D no tenían definido ya si irían o no a votar y por quien votar, amén de que ya un gran porcentaje lo había hecho? Difícilmente hayan sido muchos los que cambiaron su voto, o su decisión de votar, por lo que dijo Verna. En ese sentido, teniendo el “entripado” que evidentemente tenia y quería soltar, me atrevo decir que tuvo el cuidado de hacerlo el domingo y no antes.
Y de lo que dijo, más allá de datos puntuales, en lo conceptual, nada nuevo reveló para quienes estamos atentos a todo lo que el devenir político le va deparando a la provincia. Casi todo lo que dijo, lo hemos dicho o, al menos, insinuado en este espacio en el que desde hace tempo venimos mencionando lo del triángulo de hierro que comandan casi todo el accionar del gobierno: el mandatario, su secretario general, José Vanini, y el senador Pablo Paly Bensusan. Otra vez preservando al gobernador, intocable porque sería el gran ganador, les entró duro a los otros dos. Con Vanini llenó los casilleros que había dejado vacíos cuando hace un par de años habló de “funcionarios que no funcionan” y reveló que “cada cargo que ocupó fue por ser familiar mío” y que se lo había dicho al gobernador, “le pedí que lo eche” explicitó el otro día. Y de Bensusan, recordó que es el primer senador que el peronismo consagró por la minoría, es decir después de haber perdido una elección y lo señaló como el que ordenó que se lo dejara fuera de la campaña. Durísimo.

El grotesco imitador
Así, calibrando lo que decía, porque necesitaba decirlo, con el resultado que se imaginaba iba a darse no sólo en La Pampa, Verna pretendía demostrar que, pese a que no sería el gran ganador, estaba vivo, dispuesto para las batallas que se presentaran. Volveremos a lo suyo.
Ahora quiero referirme a la anecdótica “trifulca” que se dio en el Partido en la noche de los, se podría decir “hasta forzados” (por lo exiguo del resultado) festejos.
La amplia, y sobre todo decisiva, victoria en Santa Rosa lo llevó a imaginar al intendente Luciano di Nápoli que era “su” momento de ave fénix, después de haber quedado reducido a cenizas cuando se quedó sin nafta hace sólo cuatro meses, cuando quiso disputarle la presidencia del partido al gobernador.
Es que imaginaba contar con todas las cartas del mazo. Si en La Pampa el peronismo perdía, imitaría al Verna post derrota del 2021 con aquel “no tuve un carajo que ver con el resultado de esa elección”. Copete recordaría su “que no nos hagan cargo de lo que pase en octubre” cuando terminó bajándose del ring al que quiso subir a Ziliotto. Y si en La Pampa, el peronismo ganaba, triunfando en Santa Rosa, imitaría al Verna de abril del 23 cuando, reapareciendo en un acto partidario sentenció que “Pico fue, es y será la Capital Provincial del Peronismo”, pretendiendo que se lea linealmente que, si el oficialismo ganó en la ciudad, es porque él la gobierna. Juntó a sus funcionarios y “a copar el Partido”.
Pero en el peronismo de Santa Rosa, justamente lo que todos saben es que esa linealidad no se da, porque él rompió con la misma. A lo largo de su gestión como presidente del Consejo Local de Unidades Básicas, las tuvo desmovilizadas y después, cuando no consiguió que lo acompañaran en ese desafío al gobernador, renunció a esa titularidad y, si antes se lo veía poco en esos locales, desde que tuvo que bajarse de su, más caprichoso que audaz, intento de desbancar a Ziliotto, ya no se lo vió nunca por las básicas.

Por eso, es muy real que la gestión (el mercado municipal, sobre todo cuando sale a los barrios y se hace de cercanía, el parque lineal, la calle Felice, el plan cloacas) muy por encima de la enana vara que a Santa Rosa le habían dejado las dos administraciones anteriores (Larrañaga/Altolaguirre) hizo su aporte. Pero a la campaña propiamente dicha se la puso al hombro la militancia que Copete dejó huérfana, cuando anunció que no se haría cargo “de lo que pase en octubre”. Y, como históricamente ocurrió, el y la peronista, no hacen la misma lectura que quiere imponer el diario La Arena, y fue el subsecretario de Política Social de La Pampa, Javier Weiz, quien puso las cosas en su lugar: “estaban equivocados los que pensaban que el camino era hacerle una interna al gobernador y especularon hasta el último minuto, esquivándole a la campaña sin poner el cuerpo, este triunfo en Santa Rosa no le pertenece a los que corren a sacarse una foto el día de la elección. Este triunfo le pertenece a cada militante, a cada compañero y compañera, a cada vecino que confió una vez más en nuestro espacio político”, twiteo.
De ganadores y vencidos
“Se me cruzó Cristina, hay que aceptarlo, la realidad es la política y la política hoy la representa Cristina en cualquier escenario, por eso estas elecciones fueron tapas de todos los diarios nacionales”, fue la razón con la cual, Jorge Lezcano, justificaba su derrota electoral interna justamente frente a di Nápoli, por la candidatura a intendente del FreJuPa aquel 17 de febrero de 2019. ¿Te acordás?
Más allá de que se quiere imponer un análisis generalizado que la debacle del peronismo en todo el país responde a un hartazgo de la ciudadanía con el kirchnerismo, en La Pampa (en una rápida observación lo mismo ocurre, por lo menos, en Santa Cruz, donde ganó el cura Juan Molina) si Cristina se les cruza, el peronismo gana.
Ya a partir del mismo discurso con el que Verna descalificó a Abelardo Ferrán (ratificando lo que en redes sociales pretendieron instalar en la última semana) “Yo estaba del lado de La Pampa y él me puteaba desde el lado de La Cámpora. Es un mal candidato que, como ministro de la Producción, en una provincia agropecuaria, defendió la 125 y el cierre de la exportación agrícola”, disparó el ex gobernador, que, insisto, convencido de que el peronismo ganaría bien, le bajó el precio a los comisios, asegurando que era una confrontación entre marcas. Como sea, Ferrán ganó y, entonces, según el ingeniero, ganó un kirchnerista.

Indudablemente una significativa porción de las y los votantes santarroseños son kirchneristas y, su militancia, ratifica permanentemente esa pertenencia. El triunfo más importante del peronismo, se dio en Santa Rosa con casi el 49% de los votos, sacándole 6550 votos a LLA, 32835 contra 26285. Y a no dudar que en todo el oeste, donde se impuso claramente el peronismo, si se hila fino, fueron todas victorias kirchneristas, sobresaliendo la ventaja en Telén (443 a 362) donde el intendente en uso de licencia, hoy secretario de Turismo, Saúl Echeveste obtuvo más del 50% de los votos. También fue muy importante la performance en Victorica, los pagos de la diputada provincial María Luz “Luchy” Alonso, donde el peronismo ganó con el 44,3% de los sufragios. Y el peronismo ganó en Algarrobo del Aguila, Santa Isabel, Telén, Carro Quemado y Luan Toro. No pareció ahí, que el kirchnerismo haya sido piantavotos, más bien lo contrario.
También fueron importantes los desempeños de DLP en grandes ciudades, como Toay, donde Ariel Rojas ganó por menos de un punto, pero ganó. También en General Acha, ubicándose segundo a 750 votos de LLA, pero dejando tercero al partido del intendente Sabarots, la UCR, cuyo candidato era su mano derecha, Federico Guidugli. Y para remarcar los recortes de distancia en 25 de Mayo donde perdió por sólo 3 puntos y, sobre todo, en Eduardo Castex, donde el PJ había caído en forma aplastante en el 2023 (4135 a 1959 votos) y el domingo terminó a menos de dos puntos (43,73% LLA y 41,93% DLP) pero relegando al tercer lugar a la intendenta Mónica Curuchet que respaldó a los candidatos radicales. Mucho tuvo que ver para esa remontada peronista, dicen, la injerencia del ex intendente Julio“Tato” González que en estas elecciones volvió a las pistas.

Claro que también hubo derrotas significativas del peronismo en Pico, Guatraché, Macachín, Quemú Quemú, Realicó y Luiggi. Específicamente ahí sumó mucho LLA, que también se hizo de los puchitos en el sur. Lo de Adrián Ravier, un tipo que supo ganarse el lugar para estar ahí en el momento oportuno, fue espectacular. Karina Milei lo hizo.
Y lo de Ziliotto no fue lo brillante que se esperaba pero se quedó con un triunfo valioso que ratifica su línea de tiempo onda electrocardiograma: arrancó ganando en 2019 con 107 653 votos, el 52, 68%; en el 2021 terminó a 11 mil votos de JxC, bajó a 89409, el 42, 2%; en el 2023 fue re-electo pero sacándole sólo 5 puntos de ventaja a JxC, con 97198 votos, el 47,66%; pero ese mismo año terminó tercero en las PASO, detrás de Milei y JxC, con 58157 votos, el 28.24%; después recuperó votos notablemente llegando a 80611 y hacerlo ganar a Sergio Massa con el 34,9%; aunque en el ballotage llegó sólo al 44,3% contra 55,7% de la ciudadanía que le dio su voto a Milei. Y el domingo llegó al 44,59%, con 90097 votos, menos de un punto sobre LLA, aunque habiendo ido a votar sólo 68,68% del padrón.
Como cuando hay un gol de pelota parada y, si fue de los tuyos, corres a festejar con el goleador, ahora, si lo sufriste todos se preguntan de quién era la marca del que cabeceó. Bueno, el peronismo tuvo sus responsables y ellos fueron: Marcelo Pedehontaá en la zona norte, Antonio Curciarello en el este y en el sureste, Pascual Fernández en el oeste y Guido Bisterfeld en el sur.
Y lo del radicalismo fue tan paupérrimo como lamentable, punto.

Lo que viene
Los que peor parados han quedado luego de esta elección han sido los radicales. Decíamos que luego de los comicios, Martín Berhongaray debería merituar si hizo bien o mal no presentándose él como candidato, pese a que Milei tendría el suyo.
Todo lo que se pueda decir es contra fáctico pero, con él en cancha, aún terminando tercero, por ahí podría haber retenido la banca radical, por más que la polarización haya sido un fenómeno nacional. No obstante, venía de una elección histórica en las gubernamentales 2023 y la sensación es que se rindieron sin pelearla, reservando su mejor carta para una mano que tendrá lugar en una mesa donde hoy por hoy no podrán sentarse. La desastrosa performance de Guidugli, lo arrastra fatalmente a Berhongaray que pretendía ser el candidato a gobernador por toda la oposición en un frente. No haber llegado a los dos dígitos en el conteo de votos y con Ravier habiendo terminado al toque del peronismo en nombre de Milei, hace pensar que tendrán que resignarse a una alianza que conduzca Ravier. O a presentarse en el 2027, con muchísimas menos chances que las que preveían.
Para peor los que iban a ser sus referentes se estrellaron a poco de andar. Los gobernadores unidos, los Pullaro, los Nacho Torres, naufragaron estrepitosamente y, una vez más, el histórico partido centenario se verá reducido a un furgón de cola o a representar una candidatura testimonial.
Por el lado de LLA, lo dicho, Ravier terminó respirándole en la nuca de Ferrán. Es producto de Karina y su momento es glorioso. Nunca renegó de Milei y su figura lo arrastró a ser el opositor número 1. Casi como un enviado, no es pampeano, no conoce la provincia…le bastó con representar a quien representa. ¿Así seguirá? ¿O tendrá que sumar impronta propia para crecer? ¿Lo dejarán?
Y Ziliotto está condenado a librar dos guerras. La endógena y la que tendrá que librar para sostener La Pampa ¿más allá de sus convicciones?
En el acto de festejo en el Partido, el gobernador demostró que sintió el golpe matutino de Verna y generalizando lo sacudió fuerte: «Primero la patria, después el movimiento, tercero los hombres», recordó, para después remarcar “toda la dirigencia de La Pampa tiene que entender que es momento de defender a los que menos tienen y dejar apetencias personales de lado». Y finalmente lanzar un: «ha sido una campaña muy difícil, no todos estuvieron a la altura de la historia del peronismo. No todos están festejando en el peronismo como ustedes aquí.»

Como nunca antes, batallas decisivas están al caer. Es raro escucharlo a Ziliotto ser tan duro, pero lo habían cruzado feo. Verna, después de pedir la cabeza de su secretario más cercano, haciendo explícito algo que, de ocurrir, jamás se esperaría que trascendiera (“hubo una reunión de algunos diputados y de la vicegobernadora con el gobernador y con Vanini, en la que le pidieron a Vanini que renunciara. Y Sergio lo defendió”, se lamentó); dijo algo que se hace difícil no interpretarlo como amenaza: “pelearse con la vicegobernadora y con algunos diputados, como Vanini se pelea (otra vez lo preserva a Ziliotto porque creía que golearía) implica que en cualquier momento perdamos un desempate o perdamos una votación, estamos 15 a 15 en la Legislatura”, recordó.
Se recomienda andar con cuidado. El fuego cruzado ha comenzado. Ya había empezado unos días atrás cuando el lugar de operaciones fue el consejo de la magistratura, donde se disputan el último cargo de juez/a titular del Tribunal de Impugnación que estaba vacante y el santarroseño Andrés Aníbal Olié pagaba dos pesos, era número puesto por oposición y antecedentes. Sin embargo, Marcelo Pagano, de General Pico, terminaría siendo el seleccionado, en una demostración de poder inevitable de ser ignorada.
Y a última hora resurgió Medanito como terreno de batalla. El vernismo salió a denunciar que el pliego de licitación confeccionado por el Poder Ejecutivo contradice lo dispuesto en la Cámara de Diputados, respecto a las regalías que tendrá que pagar la empresa adjudicataria, que facilitará ilegalmente ganancias de al menos un 5% al futuro operador, acusan.
Seguiremos informando de los acontecimientos en pleno desarrollo, pero ya será casi como corresponsal de guerra, porque es lo que se viene.

Pero ese no será el único frente a atender por Ziliotto. Que en un marco ampliamente favorable, que le permitió dejar violeta a casi todo el mapa, con el gobernador de La Pampa no haya podido, seguramente enfurezca al presidente que si una cabeza le hubiera gustado que le llevaran en un plato es la del Ruso, cuya insubordinación tuvo que fumarse desde que asumió. El panorama, entonces, puede ser aun más cruel de lo que lo ha venido siendo. Milei quiere fundir a las provincias, mucho más querrá hacerlo con La Pampa, ahora que está en ganador.
Por eso Ziliotto ya ha comenzado a desplegar maniobras defensivas, enviando a la Cámara de Diputados el pedido de autorización para redireccionar partidas en el presupuesto y así garantizar salarios, jubilaciones y pensiones. Y sabiendo que serán insoportables las cajas de previsión social sin los aportes que el presidente debe enviar, por ley, que nunca mandó ni se presume que vaya a hacerlo, acudió a la CSJ y, por lo menos, obtuvo que la misma convocara a una audiencia donde insistirá en la «legalidad» del reclamo y la «urgente necesidad» de recuperar los fondos que «nos pertenecen».
Antes del domingo, se descontaba que, ahora sí, el gobernador haría cambios para oxigenar el gabinete. Otra vez se escuchaba aquello de la vuelta de por lo menos uno de los legisladores nacionales para impulsar áreas claves. Después de lo inesperado, esos cambios, que seguramente igualmente se harán, tendrán que ver más con lo defensivo, que con lo pro-activo. Habrá novedades, aseguran.

¿La calle como último recurso?
Pifiamos todos los que razonablemente creíamos que el modelo anarcocapitalista, libertario había entrado en su cuenta regresiva. Estaba plagado de indicios para que eso creyéramos: la economía argentina no es el paraíso capitalista prometido, al que los capitales se desesperan por venir. Y no solo no vienen, muchas multinacionales se van, en lo que va del gobierno más de una decena de grandes empresas. No aumenta ni la producción, ni el empleo. Tampoco hay una revolución exportadora, la escasez de dólares es un hecho. Con el capitalismo mileísta no se come, no se cura ni se educa. E incluso parecía, después de las elecciones bonaerenses, que la sociedad lo sabía. LLA ya no era el partido disruptivo y anticasta que en 2023 captó el voto de una porción de las clases bajas y medias bajas y ahora era el rostro salvaje de la nueva ultraderecha y el viejo gorilismo, un blanqueo de lo que siempre fue, una versión radicalizada del cambiemismo que, producido el sinceramiento, iba sí, a ser votada por las clases medias y altas, ya despreocupadas del republicanismo y la corrupción.
Justamente, sin que nos diéramos cuenta, en los últimos días, antes de los comicios la prensa hegemónica, los gorilogopolios mediáticos, a diferencia de como insistían constantemente, hasta el hartazgo, con las cuestiones de corrupción en tiempos de gobiernos nacional populares, no tuvo el tema en agenda. Ni el caso de la criptomoneda $Libra; ni la estafa de los recursos para discapacidad por medio de una estructura de retornos del ocho por ciento, con tres puntos con terminal en la Secretaría General de la Presidencia; ni el destape de los millonarios fondos con origen “presunto” en el narcotráfico recibidos nada menos que por el renunciado primer candidato a legislador bonaerense; ni mucho menos la corrupción más onerosa, la estructural de una administración que no hace más que tomar deuda todos los días para sostener un tipo de cambio inviable; ni el regalo sin control de miles de millones de dólares que deja de recaudar, que recorta en previsión social, salud y educación, pero que quema en pocos meses el crédito multimillonario del FMI, que interviene en el mercado con recursos de Estados Unidos que no son un regalo y que, por todas estas vías, condiciona la vida de las generaciones futuras, fueron temas. Nadie más habló de eso.
De lo que sí hablaron fue del desastre que sobrevendría en lo económico si el presidente más autócrata de la democracia no pudiera seguir gobernando por decreto, es decir si no lograba que el Poder Legislativo se limitara a la función de evitar el rechazo de los decretos de Milei. Ya convencidos de que estaba perimido el sueño embelesado del triunfo electoral tras el ajuste “más grande de la historia”, el número áulico buscado por el oficialismo y sus cercanos era el treinta y tres por ciento de las dos cámaras. Hasta se lo hicieron entender a los gobernantes de los EE UU. Fue su propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien explicó para todo el mundo que, para Trump, ganar el domingo era conseguir el tercio. Y la enorme mayoría creyó que votar en contra de Milei, terminaría siendo votar en contra de la estabilidad de la inflación, que se esfumaría el apoyo de Trump (¡que está dispuesto a mandarnos todos los dólares que se necesiten! ¡mirá si esta vez sí terminamos cobrando en dólares!) y volveríamos al 120% de inflación anual. Y lo lograron, con muchísimas creces, maravillas del antiperonismo.
Definitivamente Milei no va a cambiar. Está todo dado para que el sector beneficiado siga siendo el financiero. Por lo demás profundizará su crueldad con una reforma laboral anti derechos para los trabajadores que se quedarán sin él o serán explotados a mansalva…los sueldos serán mínimos y el poder adquisitivo estará en el subsuelo. Y ya al Congreso lo tendrá blindado, ni ahí juicio político o asamblea legislativa. ¿Será la gente en la calle la que termine poniendo límites?


