
El secretario general del Centro Empleados de Comercio de Santa Rosa, Rodrigo Genoni, analizó el resultado eleccionario del domingo 26 de octubre y señaló el gobierno nacional solo administra la pobreza “para garantizar la especulación”.
En un posteo en la red social X, Genoni agregó que “la gente no votó un modelo: votó el miedo. El miedo a que vuelva la inflación alta, a perder lo poco que queda, a retroceder. Pero el miedo no construye futuro; apenas posterga la caída”, advirtió.
“Hay una mayoría silenciosa que necesita una alternativa para una Argentina federal, solidaria y productiva, que no es el pasado ni el presente: es una alternativa distinta”, afirmó.
El posteo completo de Genoni, señala lo siguiente:
“Aunque el país duela, la esperanza no murió.
Sigue viva en el trabajador que madruga, en la maestra que enseña, en el comerciante que abre su persiana sin saber si venderá algo.
La Argentina se aferra a su gente.
Y aunque la política la haya decepcionado, el pueblo no perdió la fe: perdió la paciencia.
Durante años nos hicieron creer que había que elegir entre pasado o presente, entre promesas y resentimientos.
Pero la verdad es que ninguno de los modelos terminó dando una respuesta sostenible.
El modelo pasado no fue una propuesta capaz de sostenerse en el tiempo, y el actual modelo ha dejado afuera a la gente y a un país endeudado.
Hoy los argentinos no quieren milagros, quieren vivir con dignidad.
🇦🇷 Cuando el pueblo despierte, la Patria renacerá
Aunque el país duela, la esperanza no murió.
Sigue viva en el trabajador que madruga, en la maestra que enseña, en el comerciante que abre su persiana sin saber si venderá algo.
La Argentina se aferra a su gente.
Y aunque la…— Rodrigo Genoni (@GenoniRodrigo) November 2, 2025
La economía del saqueo
El país está en manos de un gobierno que no gobierna: administra la pobreza para garantizar la especulación.
Los dólares que entran no son inversión, son deuda.
Los préstamos que llegan no son ayuda, son condicionamiento.
Y los mercados —que en realidad son personas con apellido— se siguen llevando lo que el pueblo produce: su esfuerzo, su tiempo y su futuro.
Estados Unidos apuesta al sistema financiero argentino porque ahí está la verdadera timba: los bancos y las aseguradoras.
Mientras tanto, la industria se paraliza, las pymes cierran y el salario real se pulveriza.
Se nos propone un país donde ya no haya derechos colectivos sino seguros individuales; donde la solidaridad deje de ser ley y pase a ser negocio.
Un país donde el trabajador es cliente y la patria es una póliza.
El vacío del poder real
En la mesa chica del gobierno, los pocos funcionarios con mirada racional abandonan el barco.
Quedan los que creen que se puede gobernar desde un delirio ideológico, desconectado de la calle y del hambre.
Los que saben se van —aunque no comparta sus ideas—, y los que quedan viven en el delirio de la irrealidad.
El oficialismo celebra la entrada de dólares como si fueran propios, pero no explica a dónde van.
Las reservas crecen en papeles, mientras las góndolas se vacían y el país se llena de importaciones que antes se fabricaban acá.
El Banco Central festeja balances mientras las familias se endeudan con la tarjeta para poder comer.
Y cada vez que sube un índice financiero, cae un índice humano.
La política sin rumbo
El triunfo electoral del gobierno puede ser una victoria pírrica si no logra estabilizar la economía real.
La gente no votó un modelo: votó el miedo.
El miedo a que vuelva la inflación alta, a perder lo poco que queda, a retroceder.
Pero el miedo no construye futuro; apenas posterga la caída.
Entre los que no fueron a votar y los que votaron en contra del Gobierno —con una participación que cayó al 66-67 %, dejando afuera a más de 12 millones de argentinos—, hay una mayoría silenciosa que necesita una alternativa para una
Argentina federal, solidaria y productiva, que no es el pasado ni el presente: es una alternativa distinta.
Y de nada sirven los buenos tiempos si no se logra su permanencia por décadas.
La felicidad del pueblo no puede seguir midiéndose como vacaciones de verano.
Una salida posible
No se trata de destruir, sino de reconstruir.
De refundar la política desde el trabajo, la producción y la justicia social.
De volver a poner en el centro a los que producen, a los que crean valor, a los que sostienen el país todos los días.
Porque el deber de un gobierno no es conformar a los mercados, sino cuidar al pueblo que trabaja, que produce y que genera la riqueza que después esos mismos mercados se llevan.
De nada sirve un crecimiento que no se queda en el país, ni una economía que no alimenta a su gente.
La Argentina tiene que dejar de sobrevivir para volver a vivir.
Y para eso, hacen falta patriotas, no aduladores; líderes con memoria, no gerentes de intereses ajenos.
Cuando el pueblo despierte, la Patria renacerá”.

