
Con La Pampa acosada por la mala leche libertaria ¿Quién puede cuestionar las gestiones del gobernador? ¿Habrá más renovación que lo previsto en el gabinete? En la interna se zarpan mal. Milei ganó, el plan Caputo sigue igual.
(Por Javier Urban) Fue antes del balotaje entre Sergio Massa y Javier Milei, y ante la demanda constitucional que obligaba al Poder Ejecutivo a presentar el presupuesto provincial para el año siguiente, que a fines de 2023, el gobernador Sergio Ziliotto, reveló que se habían visto obligados a elaborar dos proyectos, uno que contemplaba desarrollo y crecimiento, que se podría concretar si el presidente terminara siendo Massa y otro, que preveía un fuerte recorte en todo lo que era los gastos del Estado, sobre todo en obra pública, si el elegido fuera Milei, que hacía campaña con una motosierra, frente a la cual habría que centrarse en defender a La Pampa.
Y así fue que lo que va del segundo gobierno de Ziliotto ha sido básicamente de resistencia, frente a una realidad que no deja de ser cada día más cruel, particularmente con la mayoría de las y los argentinos y frente a lo que tantas veces hemos dicho, Milei, respecto a las provincias, tiene un proyecto: “En el caso que después de agotar el potencial equilibrante, existan provincias y/o municipios que no logren equilibrar sus finanzas, deberán declararse jurisdicciones financieramente inviables, solicitar su quiebra y recurrir a la integración regional (con otras provincias) o zonal (con otros municipios)”. Textual de la plataforma electoral del loco de la motosierra, que pretende reducir el gasto público a la mitad y echar a 1,5 millones de empleados de todas las jurisdicciones. E incluso, en ese compendio de ideas “libertarias” se comprometía a algo que seguramente Adrián Ravier lo tiene en carpeta: “la reducción del gasto público, será concentrado fundamentalmente en el sobre empleo estatal (…)El esfuerzo de las jurisdicciones locales deberá ser más intenso aún que el esfuerzo nacional, pues las jurisdicciones locales se han excedido en mayor medida.”
Ya a finales de noviembre del año pasado, cuando el gobierno nacional amagó con poner en marcha un Régimen de Cancelación de Deudas (que sería recíproco: Nación les pagaría a las provincias lo que les debe descontándole lo que las provincias le deben a Nación), La Pampa tenía documentada una deuda nacional de 189 mil millones de pesos, lo que representaba un 9,5 % del presupuesto para 2025. “Se nos quedaron con el 80 % de las reservas, lo que equivale a tres masas salariales” graficaban por entonces.
A un año de aquello, con ese Régimen jamás concretado (La Pampa a Nación no le debe una moneda), hoy la situación es muchísimo peor.
Socialmente, el freno del poder adquisitivo en los hogares pampeanos, especialmente en rubros básicos (consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios) se ve reflejado en la caída del 3,6% en el consumo de supermercados y/o en la baja interanual en las ventas de combustibles al público, del 4,1%, una de las tres mayores caídas del país.
Pero principalmente la consecuencia es lacerante: «Ha aumentado muchísimo todo lo que tiene que ver con financiación con entidades de crédito que no son los bancos tradicionales. Y además notamos que ha migrado el destino que le dan las personas a este tipo de créditos, antes se usaban para algún festejo o un gustito, mientras que hoy se destinan a cubrir gastos de tarjetas de crédito (cada pampeano debe en promedio $580.000, según datos del Banco Central) o a cancelar otros créditos, generándose un circuito económico-financiero en una familia difícil de superar. Cuando la gente saca un crédito para pagar la tarjeta, y la tarjeta la usó para el supermercado, es doloroso de ver», describe Florencia Rabario, directora de defensa del consumidor de la provincia.
Y grave es lo que el gobernador les informó a los ministros en la reunión de gabinete del día siguiente a las elecciones. “Ya no hay fondo anti-cíclico, históricamente el gobierno siempre contó con una masa de reserva salarial de un par de meses, incluso supo haber en caja lo que se destinaría a tres meses…hoy estamos viviendo el día a día, para pagar los sueldos de fin de mes, sólo contaremos con lo que recaudemos ese mes”, cuentan que Ziliotto les advirtió, pidiéndoles un ajuste inédito. “No más viáticos, ni gastos que sean los estrictamente inevitables para el funcionamiento de cada cartera”. Y les insinuó medidas extremas (cambios) al respecto, de las que aludiremos más adelante.
También los intendentes fueron convocados por el gobernador a un encuentro similar, al día siguiente, y después del mismo, ellos dijeron: “la coparticipación viene bajando, se nota la pérdida del poder adquisitivo en todos los ámbitos y en el público también; baja la recaudación, la inflación se sigue moviendo y eso nos pone en problemas” (Ariel Rojas, intendente de Toay); y “no tenemos empresas grandes ni industrias, así que el municipio absorbe la demanda para que la gente pueda hacer changas y la verdad que estamos preocupadísimos porque la coparticipación bajó un 35 %, casi dos masas salariales. Ya no giran fondos como antes y la veníamos piloteando con la obra pública, pero ahora ya tengo 25 casas casi listas y no hay más laburo, estamos en aprietos” (Guillermo Farana, intendente de Santa Isabel). Pero la más explícita de todes fue la intendenta de Winifreda, Adriana García: «nos convocó porque va a mandar el proyecto de Presupuesto a la Cámara de Diputados, y nos dijo que va a ser más bajo que el de este año, entre un 12 y un 15%, por una caída en la coparticipación de los ingresos, que hará que seguramente tengamos que rever las cuentas provinciales». En varios municipios sus intendentes están al borde de un ataque de nervios, porque cada viernes tienen que pagarles a los jornaleros (que necesitan eso que reciben porque viven al día con su familia) …y últimamente no llegan a juntar los fondos que necesitan.
Los intendentes se volvieron con la sensación de que el aporte del gobierno central para pagar los sueldos de noviembre y diciembre más el aguinaldo, si llega a haber, no será demasiado, al menos no como en otros años. Y ya que hablamos del fin de año, lo del bono tradicional a los empleados públicos, casi casi que…

Como dijo Maradona, hay que ser muy hdp si no defendés a los jubilados
Pero lo más grave, lo que está muy complicado, es el pago de las jubilaciones. Desde que el gobernador Rubén Marín se negara a transferir las cajas jubilatorias a Nación (porque tenía claro, fíjate vos el menemista ¿no?, que el presidente Menem se quería apropiar de las cajas provinciales para después privatizarlas a través de las AFJP), el Estado nacional contrajo un compromiso de aportar para cubrir el déficit previsional de esas cajas no transferidas, que todos los presidentes que le siguieron al Turco fueron cumpliendo, porque sabían que eran fondos destinados al pago de las jubilaciones. Bueno, el energúmeno se plantó y decidió dejar de cumplir con el compromiso acordado.
La deuda previsional acumulada de Nación, es de alrededor de 320 mil millones, porque se va actualizando constantemente, por lo que ha tenido que aportar la provincia, un equivalente al 90% de todo un año de la obra pública provincial. O sea, el gobierno de Ziliotto ha tenido que invertir en las y los jubilados todo lo que destinaría en un año a mantenimiento de rutas, viviendas…todas obras que dinamizan la economía, que generan trabajo y que aparte satisfacen una demanda de viviendas y evitan que la gente se siga matando en las rutas. Es cierto que La Pampa hizo la demanda judicial y que la CSJ de la Nación convocó a los dos gobiernos al diálogo, lo que es alentador porque cuando la Corte convocó por el mismo tema a Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe, terminaron acordando un monto mensual y luego comenzaron a discutir el stock. Claro que en el mejor de los casos (porque después de las elecciones, como siempre pasa con la justicia argentina, sus fallos inmediatos develan una coincidencia llamativa con quienes ganaron, si no preguntale a Guillermo Moreno) a algo semejante no lo dispondrá en el corto plazo.
La Pampa tuvo que recurrir a la CSJ porque ya no tiene resto. Milei le debe a la provincia 400 mil millones de pesos. No sólo la plata de las y los jubilados, le adeuda 80 mil millones de obra pública, fondos que no ha enviado para la construcción del hospital Favaloro, para Educación, para el ministerio de la Producción, para Empatel…todo dinero comprometida por Nación y que tuvo que poner la gestión Ziliotto.
De ahí que, por primera vez, el Ejecutivo le tuvo que pedir al Poder Legislativo autorización para reestructurar partidas. Al gobierno no le alcanza lo que recauda (porque la economía está planchada, nadie puede comprar = nadie vende, nadie puede pagar impuestos) y para cumplir con lo presupuestado, le va a faltar un 12%, por lo que piden la autorización para no ejecutar alguna partida que tenían destinada para una obra y con eso comprar medicamentos, pagar salario, pagar jubilaciones…
Y volviendo al tema jubilaciones, vamos otra vez con lo que Milei planteaba en su plataforma electoral: “en materia de Cajas Jubilatorias provinciales o municipales, las provincias deberán adherir y ejecutar una reforma de los regímenes con principios similares a la propuesta para el régimen nacional (sistema de capitalización en cuentas individuales). Una declaración de quiebra del sistema solidario de reparto y su reemplazo por un sistema de capitalización estatal es muy importante en el caso de provincias con cajas jubilatorias que acumulan una importante deuda implícita.”
Ahora, en el proyecto de presupuesto nacional 2026, se incluye un artículo referido al déficit previsional. Refiere al pago del mismo “únicamente” a las provincias que tienen la caja transferida. Sería razonable, entonces, que en las modificaciones que al mismo se le harán en el Congreso, se salve esa exclusividad y se incluya a La Pampa en esa partida presupuestaria; y habrá tranquilidad para los “jubis” pampeanos.

Otra, ¿no queda?
Y ¡acá está el huevo y no lo pise! Ziliotto ya ha dicho que “el Presupuesto Nacional 2026 plantea un «irrisorio» aporte a la provincia de La Pampa en concepto de recursos, incluye tres obras, entre ellas tan solo el 5% del valor actual del Acueducto a General Pico y, si se quiere, la licitación nacional e internacional del tramo Santa Rosa – Luján de la ruta nacional 5, aunque solamente obras de mantenimiento (ni ahí la autovía tan esperada) y la instalación de un nuevo peaje. Pero ¿quién podría cuestionarle que inste a sus diputados (Abelardo Ferrán, Lichi Marin y Ariel Rauschenberger) para que aprueben el presupuesto, de incluirse la modificación de esa cláusula que impide que se le pague el déficit previsional a la provincia por no tener la caja transferida?
Y la pregunta se hace extensiva a la aparición del gobernador en la reunión de la mayoría de sus pares con el presidente. “Sorprendió la invitación al gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, quien está en un bloque de seis gobernadores cercanos al kirchnerismo que no iban a ser convocados, al menos en este turno”, informaron los medios nacionales. “Tuve la oportunidad de exponer claramente mi postura acerca de lo que debe ser el presupuesto, porque hoy no tenemos los recursos que nos corresponden. Y respecto de las reformas, nadie tiene el contenido. Si bien es cierto que algún gobernador dijo que estaba de acuerdo, es imposible dar una opinión porque no se conoce el tenor de las mismas. No vine a firmar ningún cheque en blanco”, manifestó el Ruso.
Pero, más allá de esos dichos y ante lo expuesto líneas arriba, ¿alguien podría cuestionarle a Ziliotto que el presidente ya no lo incluya en el grupo que “tienen ideas totalmente diferentes” a las suyas, Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego) que repiten (según el presidente) “el catecismo marxista, recetas que hundieron a la Argentina, con quienes es muy difícil tener un diálogo razonable, porque son gente a la que 2+2 no les da 4” y que ni siquiera fueron invitados a participar del encuentro? Pregunta que vale, más allá que algunos analistas inscriben a esa reunión en la intención de Milei (cumpliendo con el pliego de condiciones de Trump) de buscar consenso para las reformas antipopulares, pago de la deuda y destruir al peronismo, a lo que los gobernadores selectos concurrieron dócilmente.
Según esos opinólogos, los que asistieron a la Casa Rosada no hicieron ningún planteo. En cambio, escucharon el reclamo de respaldo a las futuras medidas que el gobierno nacional mandará al Congreso, con la reforma laboral en primer lugar. Y resaltaron lo que el Presidente aseguró, que existe un “consenso absoluto” para avanzar con la reforma laboral y respaldar el Presupuesto 2026; y su definición sobre la reunión: “extremadamente positiva”, además de subrayar que el equilibrio fiscal ya es “una política de Estado compartida”.
Insisto, ¿quién podría cuestionar a Ziliotto su aceptación para participar de esa reunión? Como también ¿quién está en condiciones de reprocharle que al toque de las elecciones se haya reunido con Ravier? por más que haya sido un pedido de Milei, que se reúna con quien se siente dueño “de los votos del sector productivo, del campo y especialmente los jóvenes” además de considerarse “el primer diputado nacional que La Pampa tiene, que es realmente liberal”. Efectivamente, el gobernador se juntó con quien se siente candidato natural en la carrera para la gobernación en 2027 y hasta espera que “realmente haya una reconstrucción de la UCR, podamos recuperar el diálogo y ver si para adelante hacemos una alianza más grande”, según manifestó. “Me encantaría juntarme con Ziliotto a hablar, porque realmente creo que hay un llamado de la gente, especialmente del sector productivo, a que algo tiene que cambiar en La Pampa» pidió Ravier y Ziliotto no fue al pie, lo convocó a Casa de Gobierno, porque «es imprescindible dialogar». ¿Alguien podría tirar la primera piedra?

Cambios que sí, cambios que no
Así como Milei iba a reformar su gabinete promoviendo nombres ligados al “mago del Kremlin”, Santiago Caputo, y terminó dando marcha atrás, pero rajando a su ministro más dialoguista, Guillermo Francos (y su alfil Lisandro Catalano) entronando a Adorni como jefe de gabinete y a Santilli como ministro del interior, bancando a los Menem como lo quería Karina (antes alta coimera y ahora de nuevo El Jefe); Ziiotto tenía previsto oxigenar su gabinete.
Como lo adelantamos hace ya mucho tiempo, antes de las elecciones era número puesto que Ariel Rauschenberger se pegaría la vuelta para ocupar la vieja jefatura de gabinete, cuya recreación contemplaría el presupuesto 2026. También se decía que la secretaria de la Mujer, Géneros y Diversidad, Gabriela Labourie, primera suplente para reemplazar a Ariel, le dejaría ese lugar a Pascual Fernández, para hacerse cargo de la subsecretaría de Asuntos Municipales, sustituyendo al fallecido «Kelo» Schanton. Y se hablaba, además de otros movimientos entre segundas líneas, de otra vuelta para cubrir el cargo de Fernández, el ministerio de gobierno, al que se le adosaría justicia, revelando cierto disgusto con lo gestionado en esa área.
Pero, así como los resultados electorales le obligaron al presidente a cambiar lo que pensaba cambiar, las graves condiciones económicas que se consolidan después de esos resultados (y la escasa diferencia con que se ganó en La Pampa) obligarían a más cambios próximos a anunciarse. Para achicar gastos, y para que así parezca y se vea, no seguirían Conectividad y Modernización (con lo que el Tony Curciarello es otro candidato para la subsecretaría de asuntos municipales, y un candidato fuerte) ni Justicia (lo dicho) como ministerios; ni Mujer, Géneros y Diversidad, como secretaría. Y Rauschenberger ya no volvería como jefe de gabinete.

Interna a fondo
Y Ariel Rauschenberger no volvería como jefe de gabinete, si no como ministro de la producción, porque el gobierno no se arriesgaría a pretender incluir un cambio en el organigrama de gobierno (se tendría que crear un nuevo ministerio) porque estaría dándole pie a los diputados opositores para que, a caballo de la necesidad de restricción de gastos, volteen al menos esa parte del proyecto de Presupuesto que de un momento a otro ingresarán a la Legislatura.
Y ha quedado claro, en la semana que dejamos atrás, que será ahí donde se librarán las batallas más intensas dentro de una indisimulada interna que atraviesa el Peronismo lugareño.
Imaginate que fue un proyecto de resolución (los más intrascendentes de todos) declarando de interés legislativo a la fiesta de la payada en La Pampa, que se va a hacer en el Medasur, lo que expuso el inicio de la intentona vernista por desplazar al actual jefe de gabinete, Espartaco Marín.
Para que esa iniciativa fuera tratada “sobre tablas” (es decir en forma inmediata en la sesión que trascurría, pese a que correspondería que se tratase en la sesión siguiente, porque recién en ésta había ingresado) se necesitaban dos tercios de los votos. La mitad del cuerpo, que es oficialista, se negó a autorizar su tratamiento y ya no se consideraría. Pero hete aquí que Silvia Larreta, referente incuestionable del vernismo, se plantó y dijo: “yo voy a votar para que se trate, no entiendo las razones para que no, hacemos una cosa en la reunión de bloque y después decimos otra…estoy cansada, parecemos un teléfono descompuesto”, dijo la diputada, sólo para sentar postura, ya que la votación igual la perdieron los que querían que se diera tratamiento al proyecto del bloque de Comunidad Organizada, diputados de otros bloques opositores ¡y del legislador vernista, Hernán Pérez Araujo!.
Después aparecieron declaraciones de la propia Larreta que fueron interpretadas como un decidido reclamo para que se cambie al presidente de bloque. ¿Y Espartaco que va a hacer? ¿Convergencia peronista qué va a hacer? Es llamativo el silencio del marinsimo, que este año tuvo que vivirlas todas. Desde aquel comunicado que sacaron los diputados vernistas después de una reunión sobre el tema Medanito, en la que aseguran que “el Taco estuvo”, pero no firmó. Pasando por la disputa por las candidaturas, que terminaron favoreciendo a Lichi, pero no como primera candidata (la número puesto, la que ingresaba segura), algo que los hermanos aceptaron, pero después de haber dicho que lo consultarían a Carlos Verna. Y más acá, por la soledad de la campaña, porque Lichi iba por la re elección, pero era la que tenía que conseguir los votos, porque si el Defendemos La Pampa no terminaba primero, no entraba. Se prodigaron por toda la provincia, pero en Pico, habrán obtenido el guiño del ingeniero para aceptar la candidatura, pero luego tuvieron que ser ellos (así dicen) los que lo “traquetearon” para contar con los votos (pocos) que de allí sacaron. Y en Santa Rosa, es insólito como dejan que el intendente y los suyos se adjudiquen la victoria, cuando bien saben y reclaman, que “Copete nos dejó solos”. Y ahora, van por la cabeza de Taco y ¿nadie sale a defenderlo?
Dicen que el desplazamiento de hijo varón de Rubén Marín es porque no cayó nada bien que Lichi saliera a cruzarlo a Verna cuando, el domingo de las elecciones, dijo que no había participado de la campaña porque no lo habían invitado. “Yo si quiero ser parte, no necesito invitación, soy peronista y salgo sin que me inviten”, dijo Lichi. Y ahora la sufre el hermano.
Y justamente, respecto a la oportunidad de aquellas declaraciones, trascendió lo que motivó a Verna a salir a hacerlas en medio de la votación propiamente dicha. “Lo que pasó el sábado fue demasiado, es intolerable, había que salir a decir lo que dijo Verna” sostienen en las cúpulas de la Plural. Y hablan de una reunión, donde, la tarde anterior al domingo electoral, un encumbrado del gobierno, le faltó el respeto, hasta insultándola fuertemente, a una alta referente del vernismo. Por lo significativo, por lo pesados que son los dos protagonistas, el que agredió (no se supo por qué) y la agredida, se entiende que la disputa interna ya sea tan feroz como inocultable.
De un lado dicen que “lo raja ya o se les hará difícil en la Cámara, y ojo que viene el presupuesto”. Y del otro manifiestan “hasta acá llegamos, hay que romper, que baje pronto el que se tiene que instalar y después a darle la interna”.
Ah, y en el medio, Luciano sigue mostrándose como el que ya acumuló todos los méritos y se prueba la pilcha de “candidato”. “Gané 10 elecciones en Santa Rosa”, se ufana. Y reclama modificaciones en la doctrina del Partido, creyéndose el Kicillof de las pampas, que pide nuevas melodías. ¿Lo seguirá bancando Ziliotto, cuando todos saben que, sin sus aportes a discreción, para que le cambiara la cara a la ciudad, por lo menos 9 de aquellas 10 elecciones, di Nápoli no las hubiera ganado? Los militantes, ninguneados por Copete, esperan que no.
Habrá más informaciones para este boletín o, en definitiva, para este parte de guerra, que nos mantendrá entretenidos el fin de año.

Es sólo cuestión de tiempo
Sin desconocer que LLA ganó bien las elecciones en todo el país, una explicación podría ensayarse desde las cifras de endeudamiento y morosidad que arribaron a niveles pocas veces vistos. Una población atormentada por las tarjetas de crédito, con familias que se endeudan para comprar alimentos, economías frágiles expuestas al más mínimo cimbronazo. El viejo “voto cuota” que otorgó una larga y dolorosa sobrevida a la convertibilidad menemista vuelve como fantasma. La sociedad argentina, atada al consumo en cuotas, prefiere sostener un régimen que no apoya ni ideológica ni moralmente, antes que enfrentar el abismo de su colapso inmediato. Esta mirada no está contemplando a las vastas porciones de población que ni siquiera tiene posibilidad de endeudarse y están condenadas al infraconsumo. 12 millones de argentinos ignoraron la convocatoria.
El mensaje del voto fue que un sistema de precios previsible sigue siendo todavía la principal demanda social y que esta demanda está por encima de cuestiones menores, como la corrupción, las ficciones de soberanía o el singular estilo presidencial.
El trauma de la inflación pesa fuerte en el imaginario de la población. Luego del shock devaluatorio de partida, el Gobierno optó por clavar el dólar y con ello consiguió que la inflación frene y se ubique en torno al 2 por ciento mensual. Es una inflación alta en términos internacionales, pero baja en términos locales y que permite cierta previsibilidad en las relaciones económicas. Lo que permite, por ejemplo, saber que el salario al principio del mes será más o menos el mismo que al final, que el magro estipendio no queme en las manos, saber que cuanto llegue el ajuste de un alquiler no crecerá en forma demencial y saber que, si bien los precios en el supermercado crecen en promedio, lo hacen poco y de manera predecible.
Eso es así, pero no es menos cierto que se endeuda el país solo para que los articuladores puedan completar el ciclo de la bicicleta financiera. El gran logro del gobierno de Milei fue la baja de la inflación y el votante lo premió por eso, pero al mismo tiempo considerando a la suma de efectos negativos de su programa como hechos desconectados, de otra galaxia, que ocurren al margen del proceso inflacionario. Una inflación mensual por arriba del 2 por ciento, que solo es baja cuando se la compara con períodos de shock; una economía en recesión (el nivel de actividad económica cayó por segundo trimestre consecutivo y cumple con la definición técnica de recesión. De los 15 sectores medidos por el INDEC, 14 no recuperaron su nivel previo. Sólo el rubro financiero crece a tasas de dos dígitos 26,5% interanual, impulsado por la bicicleta de tasas y el sube y baja de bonos. Le siguen, muy por detrás, actividades vinculadas al sistema financiero como seguros o servicios empresariales. Lo concreto es que los grandes motores de la producción: industria, comercio, campo, están en recesión: la industria cayó 5,1% interanual, el agro 1,6% y la construcción 4,4%); un déficit sostenido en la cuenta corriente del balance de pagos que, si está registrado, es porque ya se cubrió con endeudamiento; y un tipo de cambio insostenible, que ayuda a consumar una sangría de todos los dólares en poder del sector público, dólares que dicho sea de paso son mayormente prestados o se consiguieron carísimos. Todo el proceso de endeudamiento es oscuro y cada vez más concentrado en pocas manos, convirtiendo una deuda cada vez mayor y cercana al 100% del PIB argentino, que a su vez se garantiza con los activos públicos, lo dijo claramente Scott Bessent, la Argentina para pagar tiene uranio y tierras raras.
Mientras tanto, por falta de demanda, las empresas han dejado de ser rentables y no generan los ingresos para acumular capital, están endeudadas en pesos y en el mercado local, entre un mes y dos meses de facturación, y a una tasa de interés del 4, 5 o 6 % mensual, que es impagable. Las empresas tienen que cerrar (y/o vender) y el círculo perverso, de menor poder adquisitivo, menor consumo = despidos y vuelta a empezar, marca a las claras que el no plan del gobierno (que sólo es el pretexto para hacer negocios financieros y fugar el excedente económico a la zona offshore) está terminado, es una cuestión de tiempo. Después, se verá.

