
A continuación, la historia de Brenda Martínez, una mujer de 35 años de General Pico. Le faltan 27 mil dólares. Organizan una peña para recaudar fondos.
Solicitan acompañamiento en la peña con auspicios y donaciones de dinero. Nación con retinopatía prematura grado 5 y desde que comenzó el tratamiento en China, comenzó a ver luces y colores.
Aquí, la historia de Brenda en primera persona:
Hola, mi nombre es Brenda. Soy de General Pico La Pampa, tengo 35 años. Necesito que mucha gente o la gente indicada, conozca mi historia.
Mis padres se mudaron a La Pampa en 1980 con dos de mis 4 hermanos. Vivieron con mis tíos que pese a no tener todas las comodidades les dieron lugar en su casa. Con mucho esfuerzo y sacrificio, primero alquilaron, después compraron un terreno y construyeron la casa en la que nacimos mis otros dos hermanos y yo. Mi papá trabajaba de albañil, pintor, camionero, lo que salía. Y mi mamá también de lo que encontraba, principalmente limpiando casas. Una de las patronas que tuvo, Marta, sería muy importante para lo que quiero contarles.
Entre mi segunda hermana y mi tercer hermano mi mamá perdió tres embarazos. Así que los últimos embarazos fueron complicados. Mi hermano Marcelo llegó a término, pero Cecilia no, nació prematura como yo, de seis meses y medio de gestación. Entre Cecilia y yo, hay una diferencia de cinco años, pero las dos prematuras del mismo tiempo de gestación, pasamos 40 días en incubadora, pero a diferencia de ella yo nací ciega.
Mi diagnóstico fue retinopatía del prematuro de grado 5, que es el más avanzado. De esto el primero en darse cuenta fue mi hermano mayor Alejandro, pero fueron momentos de discusión no de confirmación. Pero intuyo que algo había quedado en la mente de mi mamá y cuando estuve internada con neumonía a los cinco meses me empezó a comparar con otros bebés y notó las diferencias. Entonces me llevan al pediatra que dijo que podía ser pero que tenían que confirmarlo en Buenos Aires. Así que, a fines de 1991, les confirmaron el diagnóstico a mis viejos.
Sé que es normal que pasen por un duelo por leerlo en materias de la carrera que estudié y por escuchar otros testimonios. Pero realmente no sé exactamente qué pensaban ya habían tenido cuatro hijos, ninguno con discapacidad, ellos ya eran grandes y tampoco es que me habían buscado… El oftalmólogo de Buenos Aires fue muy honesto con ellos, no se podía hacer nada. Tal vez en el futuro la ciencia podría avanzar lo suficiente. También les advirtió que se encontrarían con médicos que podrían querer estafarlos o experimentar, que no intentaran nada. Ellos aceptaron con tristeza, pero también con agradecimiento y fe las palabras del doctor.
Crecí y actualmente vivo una vida normal. Fui a la escuela común y a una escuela para ciegos, estudié profesorado en ciencias de la educación, aunque ahora estoy trabajando de niñera. Hace muchos años me mudé a vivir sola y tengo dos perras, Kata y Luna, aunque el primero fue Santy.
Cuando todavía estaba estudiando “descubrí” la posibilidad de un tratamiento para mi caso en Beijín en la clínica Wu medical Center. Es una terapia alternativa con células madres por lo que prácticamente no conseguí ayuda del estado. La verdad no supe de la clínica años antes cuando Denise, una amiga viajó con su hijo con parálisis cerebral y volvió con resultados increíbles, pero yo no sabía ni se me ocurrió preguntar por mi caso. Hay un montón de detalles que me estoy salteando para no hacerlo tan largo, pero sigo…
Marta, la patrona de mi mamá, había fallecido y en su testamento me había dejado su casa. Como no teníamos plata para arreglarla, pero estaba ubicada en el centro, compramos dos casas. Una es en donde vivo. A principios del 2020, ya habiendo hecho los trámites en la inmobiliaria decidí hacer una publicación en Facebook comentando la situación de vender una de las casas para costear el viaje. Se compartió mucho y surgieron ideas de abrir una cuenta, vender cosas, porque la gente me quería ayudar, pero obviamente no estaban en condiciones de comprar una casa. En medio de la pandemia no detuvimos las actividades, encontramos la forma de seguir y la fe en Dios para no bajar los brazos. Por ejemplo, hicimos rifas, polladas, ventas de pastas, pizas. Y en un momento la casa se vendió. Tuvimos muchas trabas para poder transferir la plata, incluso recurrí a los medios locales. Pero las fronteras seguían cerradas. Mi mamá sería una de mis acompañantes en el viaje, mi viejo había fallecido cuando estaba a punto de terminar mi primer año de cursada. Pero en agosto del 2022, tras meses de dar vueltas en los médicos empezamos a pasar por su proceso que en ese momento no sabíamos que era oncológico. Era un cáncer de ovarios con posibilidad de curarse y no tan agresivo en personas mayores (71 años). Pero las cosas se empezaron a complicar. Ya para fines de ese año había arrancado con las quimios y para mí el viaje a China había pasado a un segundo lugar, además las fronteras estaban cerradas. Esos últimos meses que Dios nos prestó a mi mamá para mí significaron mucho: mis últimas fiestas con ella, su cumple número 72, el último día de la madre en el que le dí una carta expresándole muchas cosas que es difícil hablarlas, y mi cumpleaños. Yo cumplí 32 años el 13 de febrero y las fronteras ya estaban abiertas, incluso yo podría haber viajado el 12 de ese mes, pero coincidió con el año nuevo chino. Al principio me desilusioné mucho, después entendí…

En lugar de mi mamá lo charlamos y decidimos que vaya mi tía Hester en su lugar, es con la que mejor relación y más trato tengo… Y mi segunda acompañante fue Gabi, una profe que había conocido hacía casi veinte años atrás… El 29 de marzo del 2023, empezó como un día normal. Mi mamá estaba internada, pero eso ya lo habíamos naturalizado. Pensábamos que se iba a recuperar, volver a casa y seguir con su tratamiento. Ese día a la mañana, la gestora que nos tramitaba las bisas nos comunica que tenía que viajar un familiar directo o yo para solicitarlas porque el embajador chino no quería firmar. Mi viejo ya había fallecido, mi mamá internada, mis dos hermanas cuidándola, quedaban mis dos hermanos. Hablé con Marcelo que vivió un tiempo en Buenos Aires y me dijo que no me preocupara que él iba a viajar. Yo visité a mi mamá esa tarde, pero, aunque estaba en sala común sentí el ambiente muy raro, como cargado, no pude casi hablar con ella porque estaba con oxígeno, yo no sabía si me escuchaba, si me entendía, no veía las señas y tampoco quería que se esforzara, pero sí que supiera que aunque no podía cuidarla como mis hermanas estaba ahí, orando por ella y esperando para visitarla en su casa. Al rato de que me voy, la pasan a terapia y esa noche nueve y algo, muere…
Decidí no participar del velorio ni del entierro, se lo comuniqué a mis hermanos y entendieron. Ella no estaba ahí, está con Dios y no quería cruzarme con personas que nunca trato, que no entienden la situación y porque capaz no saben que decir recurren a frases trilladas “no sufre más” “te acompaño en el sentimiento” y no quería vivir lo mismo que en el velorio de mi papá.
Yo ya para ese momento tenía los pasajes comprados, tenía que viajar en dos semanas. Y tomé la decisión de ir. Primero la gente que quisiera hablar, iba a hablar igual. Después, no me iba de vacaciones, fui a empezar a cumplir un sueño de las dos por el que ella luchó tanto… Y de que mis ojos estuvieran literalmente muertos antes de viajar empecé a ver luces, objetos a corta distancia, reconocer colores…
Pero el tratamiento continuaba y tenía que volver. Entonces Dios tocó el corazón de mis hermanos y aunque hicimos actividades, la mayor parte del segundo tratamiento lo pagué con la plata de la venta de la casa de mis viejos, que era de todos… Con los nuevos implantes de células madres, puedo ver a más distancia, las personas cuando mueven las manos para hablar, cuando se agachan o se corren, puedo ver a mis perras si corren cerca. No veo figuras claras, con detalles, pero si sé si es un árbol, un auto, con las cosas chicas cuesta más. Y puede parecer, pero yo que no sabía lo que eran las luces, poder ver el sol por la ventana, o asustarme con lo oscuro de un cielo de tormenta, es algo increíble.
Y tengo que hacer la tercera parte del tratamiento. Pero ahora no hay ninguna propiedad para vender. Dependo de la solidaridad de la gente común, de alguna fundación, empresa o político que pueda ayudarme con un poco más y de gente de medios como ustedes que son una de las pocas oportunidades que tiene la gente del interior de poder salir en un medio de gran alcance.
El costo del tratamiento es de 32.000 dólares, yo tengo que viajar este año por temas vinculados con el tratamiento. Me faltan 27.000 dólares. Pero hicimos varios videos solicitando la ayuda de la gente y por ejemplo uno tiene la siguiente consigna: si 19.000 personas aportan 2.000 yo podría juntar lo que me falta.
Les dejo mi contacto para más información: 2302548566.
Además de las redes sociales personales tengo otra en Instagram, tictoc y Facebook en las que hay más información. Les pido que por favor me ayuden a compartir mi historia, aunque sea uno de los videos, quedan unos meses, pero falta mucha plata. Muchas gracias por leer, por la atención y disculpen la extensión. Brenda

