
“Ninguna norma que se dicte puede ser contraria a la dignidad humana, sino que ella tiene que ser el centro de la ley porque estamos obligados a pensar que tenemos que resolverles problemas a personas de carne y hueso”, afirmó el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el uruguayo Ricardo César Pérez Manrique, en la conferencia pública que brindó hoy en la Universidad Nacional de La Pampa.
Previamente, el visitante mantuvo un encuentro privado con las autoridades del Superior Tribunal de Justicia y de la UNLPam.
La charla se tituló “El juez nacional y el derechos internacional de los derechos humanos” y la actividad se enmarcó en el Programa Académico Institucional en Derechos Humanos de la Universidad.
En la presentación, Pérez Manrique estuvo acompañado por la ministra del Superior Tribunal de Justicia, María Verónica Campo, y el rector Francisco Marull.
Además asistieron el presidente del STJ, Hugo Oscar Díaz; los ministros Fabricio Luis Losi y Eduardo Fernández Mendía; el procurador general Mario Oscar Bongianino; el defensor general Martín Saravia; la ex ministra Elena Victoria Fresco; y la presidenta de la Comisión de Ética Judicial, Elvira Rossetti.
También estuvieron presentes el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y jurídicas, Ramiro Rodríguez; la decana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Laura Wisner; la vicedecana María Victoria Ferreyra; el videcano de la Facultad de Agronomía, Diego Riestra; la fiscal de Estado, Romina Schmidt; la subsecretaria provincial de Derechos Humanos, Paula Valeria Grotto; los diputados provinciales Hernán Pérez Araujo y Javier Torroba; el presidente del Colegio de Abogados y Procuradores, Carlos Pedro Febre; magistrados/as y funcionarios/as judiciales; docentes, estudiantes, graduados/as y no docentes.
Campo, al abrir la conferencia, destacó que los derechos humanos “están en cada una de nuestras acciones diarias, al tratar cuestiones de género, privación de la libertad o derechos de niños y niñas”.
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“En ese contexto nos referenciamos en citas y en declaraciones; pero a veces no logramos que esas citas y declaraciones lleguen a los ciudadanos. Son cuestiones que sabemos, que conversamos, pero no logramos que trasciendan en la práctica para el judiciable. Por eso tenemos que trabajar para mejorar en ese aspecto”.
Marull remarcó que el rol de la Universidad es “generar debates” y que “nuestros egresados deben hacerlo con una mirada de derechos humanos”; destacando que algunos de los objetivos de “la vida en comunidad son la inclusión y la justicia social”.
El juez
Pérez Manrique planteó “una pregunta provocativa” como disparador de su conferencia y esa pregunta fue si “¿vamos hacia un juez interamericano”. En ese sentido planteó la necesidad de profundizar el diálogo entre los organismos de justicia internacionales y los sistemas jurídicos internos o nacionales. “Tenemos que intercambiar formas de reacción frente a determinados problemas, aun cuando haya, a través de las sentencias, una respuesta específica para cada caso concreto», afirmó
“El control de convencionalidad no es una imposición de la Corte, porque la Corte habló de ese concepto en 2006 por primera vez y los tribunales nacionales ya lo habían hecho con anterioridad –acotó-. Sí digo que el juez nacional debe reconocer la autoridad y vigencia del sistema interamericano y buscar la interpretación más afín para armonizar las normas de derechos humanos de la Corte con el derecho interno” de cada país.
Por eso pidió “actuar en forma coordinada”, respetando la competencia de cada una de las partes en materia de derechos humanos. “El derecho internacional actúa como un principio de complementariedad con el derecho interno y recién lo hace cuando el sistema interno fracasó en garantizar los derechos humanos; es decir cuando un juez tomó decisiones contrarias a esos derechos”.
Más adelante, Pérez Manrique sostuvo que “el derecho es una ciencia social dirigida a una sociedad integrada, donde el ser humano debe ser el principio y el fin de cualquier sistema”.
“La dignidad humana se expresa en el principio pro-persona de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Ninguna norma que se dicte puede ser contraria a la dignidad humana, sino que ella tiene que ser el centro de la ley porque estamos obligados a pensar que tenemos que resolverles problemas a personas de carne y hueso”, subrayó.
El juez uruguayo detalló que “el acceso a justicia y el incumplimiento de las garantías judiciales son las dos causales por las que más casos llegan a la Corte. Ello implica que hubo jueces nacionales que no aplicaron adecuadamente los derechos humanos. Por eso digo que el sistema internacional es complementario a los jueces nacionales. Ellos son la primera barrera para impedir que cuestiones de derechos humanos lleguen a la Corte”.
En otro tramo de la conferencia, expresó que “la Corte está conformada por más de veinte países que aglutinan a 500 millones de habitantes. ¿Saben cuántos casos ingresan por año? Cuarenta. O sea que la cantidad de personas protegidas por el sistema interamericano es irrisoria. Por ello también es tan importante que dialoguemos y trabajemos todos juntos, los jueces, fiscales, abogados, políticos para mejorar el sistema de aplicación del derecho teniendo en cuenta a las personas y que esa protección sea en tiempo y efectiva”.
“Pongámonos la camiseta de la gente, de la persona que sufre y no encuentra respuestas en el sistema interno”, subrayó. En tal sentido habló de las dificultades que existen en muchos casos para acceder al servicio de justicia; y enumeró entre otras dificultades a los costos de los procesos, la imposibilidad de tener un abogado y las carencias presupuestarias de los sistemas públicos
“La persona no es un simple judiciable, sino un ser humano con necesidades específicas”, manifestó Pérez Manrique. En ese contexto habló de tener perspectiva de género, niñez y vejez, y remarcó que “la inteligencia artificial está llevándonos a situaciones incontrolables a las que hay que ponerle límites. Alguna vez escuché, y lo repito, que los ingenieros deben actuar en conjunto con los abogados porque los avances tecnológicos pisotean derechos. Por eso insisto en que el rol central de la justicia es pensar en el ser humano”, concluyó.

