
La defensa de la UNLPam frente a la motosierra de Milei y la doble moral de la oposición pampeana.
(Por Carlos De Laturi*) Seamos claros desde el inicio, porque en momentos de definiciones históricas no hay lugar para la tibieza ni para los eufemismos de salón: lo que Javier Milei está ejecutando contra las universidades nacionales no es un reordenamiento técnico ni un ajuste contable para equilibrar la macroeconomía; es un plan sistemático y deliberado de demolición cultural, social y productiva. El presidente y su entorno odian a la universidad pública porque la universidad iguala donde el mercado descarta. La odia porque en un aula de la Universidad Nacional de La Pampa el hijo de un peón rural de Victorica, de una enfermera de Santa Rosa o de un empleado de comercio de General Pico se sienta en el mismo banco que el hijo de un gran productor agropecuario. Esa movilidad social ascendente, construida a lo largo de generaciones mediante el esfuerzo colectivo de nuestro pueblo, resulta insoportable para un proyecto de país que necesita una sociedad fracturada, con cuatro vivos que concentran la riqueza y millones de trabajadores precarizados que bajan la cabeza y obedecen.
Pretendieron convencer a la sociedad de que la educación superior era apenas una cifra prescindible en una planilla de Excel de Federico Sturzenegger o una moneda de cambio para negociar favores en la timba parlamentaria. No entendieron nada de la identidad argentina. La universidad pública no es un privilegio corporativo ni un apéndice administrativo del Estado: es el pacto social y democrático más profundo y virtuoso que construyó este país en el último siglo. En nuestra provincia, la UNLPam no cayó del cielo como una concesión del poder central; fue una conquista forjada por la propia comunidad pampeana, que en 1958 creó su universidad provincial y en 1973 logró su nacionalización para que nuestros jóvenes no estuvieran condenados al desarraigo o al exilio forzoso en las grandes capitales. Ese piso de dignidad colectiva no se entrega a cambio de un tuit presidencial ni de una orden de ajuste redactada con soberbia desde Puerto Madero.
La UNLPam en el territorio: ciencia para el pueblo, no relato de laboratorio
En La Pampa, la mentira oficial tropieza inmediatamente con la realidad del territorio. Cuando desde la Casa Rosada y los canales de streaming afines repiten la cantinela del «adoctrinamiento» o inventan fantasmas de corrupción institucional, no están describiendo a la universidad real: están encubriendo su desprecio por el pensamiento crítico, la investigación soberana y la producción de conocimiento al servicio de la comunidad.
Vengan a recorrer la Universidad Nacional de La Pampa antes de hablar con tanta ligereza. Vayan a la histórica sede de la calle Gil en Santa Rosa; caminen por el campus sobre la Ruta 35 donde las facultades de Agronomía y de Ciencias Exactas y Naturales investigan la calidad de nuestros suelos, el mejoramiento de las pasturas, la conservación del agua de nuestros acuíferos y la riqueza de nuestros ecosistemas; o acérquense al Centro Universitario de General Pico, donde conviven las facultades de Ingeniería, Ciencias Veterinarias y Ciencias Humanas. Allí no van a encontrar castas ni privilegios: van a encontrar docentes con dedicación exclusiva cobrando salarios que perforan la línea de pobreza y no alcanzan para costear la canasta básica; van a ver nodocentes manteniendo las aulas, los talleres y los laboratorios con un compromiso admirable; van a ver científicos desarrollando tecnología para el entramado productivo, la sanidad de nuestros rodeos ganaderos y el sostenimiento de nuestras cooperativas eléctricas y de servicios.
La universidad pampeana no es una isla burocrática: es el motor que hace posible el desarrollo provincial. Desfinanciarla no es ahorrar dinero público; es condenar a La Pampa al atraso científico y a la dependencia absoluta de los monopolios foráneos.

El caballo de Troya local: el porteñismo rentado de Adrián Ravier
Pero el desguace que se planifica en los despachos metropolitanos jamás podría avanzar en nuestra llanura sin sus ejecutores locales. Y aquí es imprescindible ponerle nombre y apellido a la contradicción: Adrián Ravier y la franquicia pampeana de La Libertad Avanza.
Ravier encarna la quintaesencia de ese porteñismo ilustrado que desembarcó en La Pampa con ínfulas de civilizador, pretendiendo explicarnos cómo funciona el mundo mediante las recetas dogmáticas de la Fundación Faro. Su trayectoria representa una paradoja política inaceptable: ha construido su carrera y cobrado puntualmente su sueldo del Estado a través de sus cátedras docentes en la UNLPam, pero no tiene el menor pudor en utilizar su vocería presidencial y sus apariciones públicas para justificar el estrangulamiento presupuestario de la misma institución que le da de comer. Todavía resuena en la memoria universitaria cuando tuvo el tupé de denigrar a sus propios estudiantes de la carrera de Contador, acusándolos públicamente de tener una «aspiración pobre» simplemente por desear un empleo estable en los organismos públicos o en la administración provincial. Ese desprecio de clase refleja con total nitidez qué modelo vienen a imponer: desprecian lo pampeano, desprecian la educación pública y buscan transformar a la universidad en una factoría arancelada reservada únicamente para quienes puedan pagarla.
¡Ah! Y un detalle ineludible para estos abanderados de la moral fiscal que se desgarran las vestiduras hablando de auditorías: ya que tanto les preocupa la eficiencia del gasto público, dense una vuelta y controlen a los funcionarios y gerentes que acomodaron a dedo en las delegaciones nacionales en La Pampa, como el PAMI o el ANSES. Mientras un docente universitario pone el cuerpo frente al aula por ingresos miserables, tenemos jefes de oficina cobrando cifras millonarias del Estado que aparecen a trabajar cuando se les ocurre. Vociferan contra el Estado en las redes sociales para la tribuna libertaria, pero a fin de mes no tienen ningún problema en embolsar sumas obscenas del mismo erario público que dicen combatir.

La marcha del jueves y la careta de la doble moral opositora
Este jueves la comunidad universitaria, las organizaciones gremiales y el pueblo pampeano vuelven a ganar las calles en una nueva Marcha Federal Universitaria. Y sabemos con absoluta certeza qué postales vamos a presenciar en las plazas de Santa Rosa y de General Pico: veremos a varios dirigentes de la oposición local —referentes políticos y dirigentes del conservadurismo provincial— caminando al frente de las columnas, buscando el lente de las cámaras para la foto de ocasión y recitando con impostada solemnidad los legados de la Reforma Universitaria de 1918.
A todos ellos hay que decirles con claridad: bienvenidos a la marcha; pongan la cara por la UNLPam como corresponde a cualquier ciudadano que ame a su provincia. Pero digamos también lo que nadie se atreve a decir en voz alta: si este jueves marchás del brazo de los estudiantes y de los docentes para exigir presupuesto educativo, después no te queremos ver en un café roscando una alianza electoral con los mismos verdugos que votaron a favor de vetar los fondos universitarios. Esa doble moral no va más. No se puede encender velas por la educación pública los jueves a la tarde y los viernes a la noche entregarse a los brazos de Ravier, del PRO y de los operadores de Karina Milei a cambio de dos lugares en una lista electoral.
En la política pampeana se terminó el tiempo de la especulación especulativa y la tibieza politika . No se puede invocar la memoria de Yrigoyen o de Alfonsín en el discurso partidario mientras en el Congreso de la Nación tus diputados se calzan la peluca para blindar el veto de Milei contra la universidad. O se está con la UNLPam y con el futuro de los jóvenes de nuestros pueblos, o se es cómplice directo de su liquidación.
Las aulas no se negocian
Los estudiantes que hoy sostienen las tomas, las vigilias y las clases públicas en las calles ya eligieron de qué lado pararse. Han demostrado una madurez cívica y un coraje colectivo que interpela y avergüenza a la dirigencia tradicional. Ellos entendieron que la defensa de la universidad no es una pulseada gremialista ni una disputa de intereses sectoriales: es la defensa de la patria chica y del futuro común.
En La Pampa nos conocemos todos y la memoria popular no se disuelve con propaganda digital. Las aulas de la UNLPam no se clausuran, no se entregan y no se rifan en ninguna mesa de negociación política. Este jueves la calle dará su veredicto, y la historia juzgará con severidad a quienes pretendieron vender nuestro porvenir por una cuota efímera de poder.
(*) Militante de Derechos Humanos en H.I.J.O.S. y FEDEFAM, politólogo en Tessina por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) diplomado en historia Argentina UCES , consultor y analista político. General Pico, La Pampa.

