
Vaca Muerta, la motosierra en Brasil, el virrey Ravier, el clan Mac Allister y el radicalismo
Por Carlos De Laturi (*) Hay que reconocerle a Javier Milei la crudeza de su honestidad, pues ante el empresariado corporativo expone sin tapujos el núcleo de su proyecto político y económico: un menosprecio colonial manifiesto hacia las provincias del interior, disfrazado tras la retórica superficial de una supuesta gesta civilizadora y modernizadora. Frente a las grandes corporaciones y multinacionales reunidas en el foro petrolero de Neuquén, el presidente adoptó una postura decididamente servil. Con la altivez propia de un gobernante de utilería que opera desconectado por completo de la realidad territorial de las provincias, no dudó en aseverar que el acto de ingresar a La Pampa equivale a transponer el mismísimo Muro de Berlín.
Analizado en profundidad desde la perspectiva de la ciencia política, este exabrupto revela el discurso profundamente dogmático e incapaz de comprender que una sociedad provincial elija un modelo distinto, negándose a ser privatizada, entregada o vendida al mejor postor. Bajo la lógica reduccionista del libre mercado extremo, cualquier jurisdicción que ejerza su autonomía soberana, prescinda del adhesivo automático al esquema del RIGI y decida preservar un Estado provincial activo e intervencionista, pasa a ser catalogada de inmediato como una zona rebelde y anacrónica a la cual resulta imperativo doblegar y asfixiar financieramente.

Bochorno en España y «maldito» en Brasil
Mientras Javier Milei pretende aleccionar a los pampeanos con un discurso de superioridad ideológica, en el escenario internacional su figura se ha transformado en una mancha tóxica y un factor de incomodidad diplomática. En España, sus recurrentes e intempestivas giras como telonero de las convocatorias ultraderechistas de Vox desataron un choque diplomático sin precedentes que desembocó en el retiro formal de la embajadora española; hoy en día, hasta los candidatos conservadores moderados del continente europeo evitan minuciosamente fotografiarse junto a él para no contaminar sus campañas. En tanto, en el escenario político de Brasil, la imagen del mandatario argentino opera directamente como el «maldito» y el contraejemplo definitivo dentro de la contienda presidencial: durante los debates televisados, Luiz Inácio Lula da Silva logró acorralar conceptualmente al bolsonarismo mediante una sola pregunta de demoledor impacto político: «¿Ya le pediste prestada la motosierra a Milei?». En el territorio del principal socio comercial de la región, el concepto de la motosierra no remite a la eficiencia ni al equilibrio presupuestario, sino que simboliza en forma directa la parálisis de la actividad productiva, el derrumbe industrial, el crecimiento acelerado del desempleo y el confinamiento de vastos sectores a la indigencia. Aquello que las naciones vecinas exhiben con alarma como el horror social que jamás debe imitarse en las urnas es precisamente el modelo devastador que la administración central pretende imponer y replicar en la provincia de La Pampa.

Terraplanismo austríaco y odio a la democracia
En Neuquén, Milei anunció que buscarán «pintar La Pampa de violeta» con su vocero Adrián Ravier, jactándose de pertenecer a la «Escuela Austríaca». Arranquemos la careta: es una secta marginal que ningún país desarrollado aplica; son los terraplanistas de la economía. Mientras las potencias fortalecen la industria y el Estado, acá reflotan manuales oxidados, ignorando que ya en 2022 el Banco Mundial advertía sobre el estancamiento global de la economía neoliberal tras décadas de desregulación que sólo trajeron bajo crecimiento y desigualdad.
¿Por qué odian a la política? Porque desde Aristóteles hasta Hannah Arendt la política es deliberación entre iguales por el bien común («un ciudadano, un voto»), mientras en su mercado salvaje manda la plutocracia de «un dólar, un voto». Para Mises, Hayek o Rothbard la justicia social es un delito, llegando a justificar algunos de ellos la venta de órganos y el trabajo infantil. Esa doctrina nació en la caída del Imperio Austrohúngaro como reacción aristocrática contra los derechos obreros de la Viena Roja, forjando un desprecio visceral por la soberanía popular. Por eso sus popes abrazaron dictaduras: Mises escribió en 1927 que el fascismo de Mussolini «salvó a la civilización europea», y Hayek viajó al Chile de Pinochet para declarar que prefería un dictador liberal antes que una democracia sin liberalismo.

Ravier, Mac Allister y el furgón de cola
En la oposición pampeana, los gritos del presidente desataron una comedia de enredos por ver quién se arrodilla más rápido ante Buenos Aires. Por un lado asoma Ravier, economista de fundaciones foráneas que actúa como virrey con peluca para desmantelar el Estado provincial. Pero el dedazo de Milei a su favor heló al PRO: votaron todo con obediencia ciega —RIGI, vetos a jubilados y ahogo universitario— para que Mauricio Macri instalara a Marita Mac Allister en 2027, y hoy descubren que para las «fuerzas del cielo» son un envase descartable.
¿Y la UCR? El partido de historia federal e yrigoyenista, con intendencias y comités en toda La Pampa, vuelve a resignarse a ser furgón de cola. Ayer pusieron votos y fiscales para el macrismo; hoy mendigan cafés y mandan a opinadores científicos de la política para ver si terminan llevando las valijas de Marita Mac Allister o haciéndole el caldo gordo al experimento antiestado de Ravier, hipotecando sus banderas por un cuarto puesto digitado a seiscientos kilómetros de Santa Rosa.
La trinchera de la dignidad pampeana
El único muro real no está en el río Colorado; lo levantó Milei contra el pueblo: es el muro del gas pimienta a los jubilados, de los enfermos sin remedios, del ahogo universitario y de las rutas 35 y 151 destruidas mientras Luis Caputo timbea en la city. Lo que llaman «Muro de Berlín» es la trinchera de dignidad de La Pampa: nuestro Banco provincial sosteniendo la producción, las cooperativas llevando energía y agua donde el mercado no va, la salud pública y la defensa de nuestros ríos. En esta llanura pampeana sabemos distinguir entre la libertad de los pueblos y la libertad de los zorros para devorar el gallinero.
(*) Militante de Derechos Humanos en H.I.J.O.S. y FEDEFAM, politólogo en tesis por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), diplomado en Historia Argentina (UCES), consultor y analista político. General Pico, La Pampa.

